lunes, 18 de abril de 2016

#FinDeCiclo La gran victoria de la Restauración Latinoamericana

Contundente derrota del Partido de los Trabajadores en Brasil: ni Lula, el presidente más popular de la historia brasilera, pudo detener el inevitable golpe parlamentario contra el gobierno de Dilma Rousseff, y tampoco logró esquivar lo que vendrá, una situación caótica debido a la baja calaña de los integrantes de la línea sucesoria desbordada por la corrupción empresarial, tanto en el caso del vicepresidente Michel Temer como el del presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha.
El comienzo del proceso de juicio político contra Dilma es un cierre de un largo proceso que ha afectado a los gobiernos progresistas de la región de tal forma que -a hoy- la derecha recuperó Argentina, Nicolás Maduro está encerrado en una situación económica preocupante y Evo Morales no pudo acceder a una nueva reelección.
Esos tres países han sido surcados por mega denuncias de corrupción azuzadas por los grandes medios de comunicación (no sólo locales), en lo que el vicepresidente boliviano Álvaro García Linera denominó como una debilidad de estos gobiernos, centrales de una etapa de 15 años, durante la que beneficiaron a millones personas en términos socio-económicos (sólo en el caso de Lula, 30 millones de brasileños pasaron de la clase baja a la clase media).
"Parte de la debilidad de los procesos que se dan en América Latina tiene que ver con que no han sabido y no hemos sabido controlar ni castigar suficientemente los actos de corrupción. Es un tema ético que mueve la fibra más íntima de la perspectiva de futuro", había admitido en Argentina, en diciembre del año pasado.
"El continente se ha polarizado en dos únicas opciones: o profundizar los procesos revolucionarios desde adentro, o la restauración neoliberal. Argentina ha develado la disyuntiva del continente en estos años que vienen por delante", había advertido en noviembre, a pocos días del triunfo de Mauricio Macri, la primera vez que la derecha argentina accedía al poder a través de los votos y no por un golpe cívico-militar.
Las denuncias de corrupción difundidas a través de las empresas de comunicación contrarias a estos gobierno posneoliberales (en coordinación con otros gobiernos y organismos) han sido un arma muy efectiva para desgastarlos y provocar desde un triunfo ajustado, en el caso de Macri, a un juicio político contra Dilma luego de una victoria también ajustada en las urnas (en ambos, la idea de crisis económica facilitó la agenda del recorte y el ajuste como inevitable -otra vez-).
El aceleramiento de la caída de la primera mandataria brasileña, llamativamente, se da al mismo tiempo en el que Macri atraviesa -aunque con la protección de esas mismas empresas de comunicación- denuncias de evasión fiscal, lavado de dinero y negociados irregulares con el dólar a futuro.
¿Hay diferencias en hechos de corrupción según la ideología de quien los protagoniza? ¿Un delito cometido por un político progresista es más fácilmente condenable por su supuesta lejanía con los valores centrales del sistema capitalista? ¿Una malversación en la función pública cometido por un funcionario de derecha es más comprensible, por una especie de coincidencia ideológica con el sistema, el verdadero corrupto? ¿Esa permisividad se ahonda en el caso de multimillonarios que acceden al "poder", de los que vastos sectores sociales piensan que no van a robar porque ya tienen dinero?
A la vez, en nuestro país, comienza una semana durante la que, según diversos medios, el juez Claudio Bonadio procesará a la ex presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner en el marco de la causa por el dólar futuro. Los más arriesgados apuestan por que el juez intente meterla presa.
Lo viejo y lo nuevo. Lo timorato y lo desembozado. Toda una lección. Tardía, ante la apabullante sensación de haber desaprovechado las mejores oportunidades.
Diputado Jair Bolsonaro le dedica su voto al militar
que torturó a Dilma durante la Dictadura
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