sábado, 24 de octubre de 2020

Otro adelanto de "Hermano": los arbustos de Juliana

"El encargado de la seguridad de la familia hacía de nexo técnico con los del equipo que desgrababa y hacía las transcripciones. Se llamaba Guillermo Ponzo. De su mano me llegaron todas las transcripciones. Como yo era el único que tenía una relación asidua y cercana con Sandra mi viejo me dijo: “Me tenés que ayudar. Estoy muy preocupado”. Y me fui metiendo. También dijo: “Lo mandé a escuchar. Pedile las cosas a Ponzo. Y decile a Mauricio”. Entonces le conté a Mauricio que papá quería montar una escucha porque no sabía si la integridad física de Sandra y los chicos peligraba. Mauricio lo debe haber hablado con el gerente general del grupo, Leo Maffioli.
El marido de Sandra le tiró los caballos encima a Mauricio diciendo que lo habían escuchado. No sé cómo se habrá enterado. El tipo consiguió un abogado, se acercaron al kirchnerismo, hicieron una presentación judicial contra Mauricio y entonces Mauricio le exigió a Sandra: “Desactivame ya a tu marido”. Incluso se le acercó Juliana y le dijo: “Mauricio puede ir a la cárcel”. Pero Sandra respondió que ella no podía hacer nada. “Él hace lo que le parece. Y se siente muy ofendido”. Mauricio le contestó: “Olvidate de mis hijos. Borrame de tu celular. Hasta acá llegó nuestra relación”. Me lo contó ella misma durante semanas, llorando todo el tiempo, muy empastillada porque se estaba muriendo de cáncer.
Todo empezó en el 2013 y fue in crescendo de manera gradual. Surgió en un cumpleaños de Antonia, sería el de tres años, cuatro a lo sumo. Ahí Mauricio hizo el comentario frente a Andrea, la mujer que nos ayuda en la casa, la niñera, y ella le contó a mi mujer. Mauricio decía: “¿Qué hace acá? ¡Le dije que no la quería ni ver!”. Juliana trataba de calmarlo: “Tranquilo, vos poné buena cara”. La quinta de Sandra estaba al lado de la de Mauricio y ella se había cruzado con un regalo. Después, Juliana puso un cerco de arbustos para que no tuvieran que verse más.
El que usaba el juguete era Mauricio, queda claro por los quilombos que surgieron después. Para mi viejo, la única puerta de entrada a ese mundo esotérico del espionaje arrancó en el secuestro de Mauricio, pero ahí quedó. Jamás se le cruzó ni remotamente la más mínima sospecha de que pudiesen hacer uso del espionaje. Eso sí, él decía que los competidores lo hacían. De hecho, hubo un episodio con Aguas Argentinas en el que Soldati lo mandó a escuchar y después corrigió un precio centavos más bajo que la oferta de Sideco y se quedó con la privatización. Pero el viejo nunca usó eso como justificación para hacer lo mismo.
Mauricio siempre quiso demostrar que la tenía más larga. De un hermano presidente yo hubiera esperado que suprimiera los servicios de inteligencia, que solo causan daño, que no tienen nada bueno que aportarle a la sociedad. Y que empezara un camino institucional transparente. Y bueno, no. Él quiso doblegar, y habrá operado en la justicia, más eficazmente o más torpemente. La justicia misma se le puso al servicio. Habrá operado con los servicios de inteligencia. Por algo puso a un amigo de la calaña del Negro [Arribas], que por más afecto que le tenga es un tipo bien turbio: para continuar con las escuchas, los seguimientos, las carpetas".
(O'Donnell, Santiago. Hermano. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2020. pp 94-95)
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viernes, 23 de octubre de 2020

Nature: la inmunidad de rebaño para el coronavirus es una falsa promesa

"Rendirse al virus no es un plan defendible", dice Kristian Andersen, un inmunólogo del Instituto de Investigación Scripps en La Jolla, California. El enfoque de la llamada inmunidad de rebaño conduciría a una pérdida catastrófica de vidas humanas sin necesariamente acelerar el regreso de la sociedad a la normalidad, agrega. "Nunca antes hemos podido hacerlo con éxito, y conducirá a muertes y sufrimientos humanos incalculables, inaceptables e innecesarios", advierte Andersen, citado por la revista científica inglesa Nature este miércoles.
"A pesar de la crítica generalizada, la idea sigue apareciendo entre políticos y responsables políticos en numerosos países, entre ellos Suecia, el Reino Unido y los Estados Unidos. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habló positivamente al respecto en septiembre, utilizando el malapropismo "mentalidad de rebaño". E incluso algunos científicos han impulsado el tema", se lamenta el artículo firmado por la periodista científica Christie Aschwanden.
A principios de octubre, un think tank libertario y un pequeño grupo de científicos publicaron un documento llamado La Declaración del Gran Barrington. En ella, piden un retorno a la vida normal para las personas con menor riesgo de COVID-19 grave, para permitir que el SARS-CoV-2 se propague a un nivel suficiente para lograr la inmunidad de rebaño. La proclama, que inclusive fue recibida por la Casa Blanca, fue descalificada por otro grupo de científicos en la revista The Lancet, que llamó al enfoque de inmunidad de rebaño una "falacia peligrosa no respaldada por evidencia científica".
Nature aclara que la inmunidad de rebaño puede darse con la vacunación, y asevera que los expertos en salud pública consultados no suelen hablar de ella como herramienta en ausencia de vacunas. Sin embargo, esta idea sigue siendo esgrimida, inclusive aquí en Argentina, por el arco opositor a las medidas implementadas por el gobierno nacional para gestionar la pandemia.
""Incluso una vez que la inmunidad del rebaño se alcanza en toda la población, todavía es posible tener brotes grandes en áreas donde las tasas de vacunación son bajas. Lo hemos visto en algunos países donde la desinformación sobre la seguridad de las vacunas se ha propagado", dice Marcel Salathé, epidemiólogo del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Lausana", especifica Nature.
Las estimaciones del umbral necesario para alcanzar la supuesta inmunidad de rebaño para SARS-CoV-2 oscilan entre el 10% y el 70 de la población, según los diferentes modelos de simulación experimentados. Es así que muchos investigadores dicen que perseguirla es una mala idea. "Intentar alcanzar la inmunidad del rebaño a través de infecciones dirigidas es simplemente ridículo. En los Estados Unidos, probablemente uno o dos millones de personas morirían", grafica Kristian Andersen, el inmunólogo del Instituto de Investigación Scripps.
Finalmente, Nature aborda el caso Suecia, que aún hoy es citado como ejemplo de una sociedad que apostó por la inmunidad de rebaño, en vez de hacer cuarentenas estrictas: "Suecia no es un modelo de éxito. Las estadísticas de la Universidad Johns Hopkins muestran que el país ha visto más de diez veces el número de muertes por COVID-19 por cada 100.000 personas observadas en la vecina Noruega (58.12 por cada 100.000, en comparación con 5,23 por cada 100.000 en Noruega). La tasa de letalidad de Suecia, que se basa en el número de infecciones conocidas, también es al menos tres veces la de Noruega y la cercana Dinamarca".
"Tenemos que enfrentarnos a la realidad: nunca antes habíamos alcanzado la inmunidad de rebaño a través de una infección natural con un virus novedoso, y el SARS-CoV-2 lamentablemente no es diferente. La vacunación es el único camino ético hacia la inmunidad de rebaño. Cuántas personas necesitarán ser vacunadas —y con qué frecuencia— dependerán de muchos factores, incluyendo la eficacia de la vacuna y de cuánto tiempo dure su protección", sentencia Andersen.
Nature concluye: "Es comprensible que la gente esté cansada y frustrada con medidas impuestas como el distanciamiento social y los cierres para controlar la propagación del COVID-19, pero hasta que haya una vacuna, estas son algunas de las mejores herramientas".
Traducción: doctor Oscar Atienza.
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jueves, 22 de octubre de 2020

El hilo de una sueca que devela datos sobre la estrategia de Suecia ante el coronavirus

"Soy sueca, vivo en Argentina y tengo dos hijos en edad escolar. Antes de hacerle caso al pedido "desesperado" de un médico argentino en Suecia y meter a los chicos en Argentina en la escuela (video), hay algunos detalles propios del contexto sueco para tener en cuenta.
La mitad de los niños en edad escolar en Suecia viven a una distancia de hasta 10 minutos de su escuela, de acuerdo a una encuesta realizada en 2018 por la Agencia Pública de Tránsito a padres de niños de entre 6 y 15 años.
El 77% de los niños van solos a la escuela, en bici o caminando, según el mismo estudio. Otro informe de la misma Agencia (2018) refleja que a los 10 años el 54% de los niños suecos tienen el permiso de los padres para ir solos en bici en la escuela. A los 12 años, el 86%.
El tamaño de los patios de las escuelas está reglamentado. De acuerdo con un informe que publicó la Agencia Pública de Hábitat (2017), en promedio cada niño cuenta con 44,8 m2 para moverse en su patio. Se recomienda un mínimo de 30 m2 cuadrados por niño.
Estocolmo es la ciudad donde los niños tienen menos espacio en el patio: 25,6 m2. En la isla de Gotland, disfrutan de 77,2 m2 por niño.
Las escuelas secundarias (16 a 19 años) tuvieron educación a distancia durante la primera mitad del año, así como las universidadesEn algunos distritos escolares, faltaba hasta el 50% de los alumnos durante el peor pico de la pandemia. Muchos padres no mandaban los niños a la escuela por temor al contagio, eso pasaba sobre todo si había algún paciente de riesgo en la familia.
Se filtraron en la prensa emails que el epidemiólogo estatal Anders Tegnell intercambió con su par finesa, en los que Tegnell afirmaba que mantener las escuelas abiertas haría que se llegase más rápido a la inmunidad de rebaño. Posteriormente negó que esto haya sido el objetivo.
Creo que hay muchos datos para tener en cuenta cuando un compara países tan distintos, como Argentina y Suecia. Por supuesto ser diferentes no impide que aprendamos unos de otros o que utilicemos experiencias de otros países como ejemplos inspiradores".
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miércoles, 21 de octubre de 2020

El hilo de una española que da lecciones a la Argentina, en medio del pico por coronavirus

En España, han muerto 34.210 personas por Covid19 desde el inicio de la pandemia, en febrero. Ahora, el país sufre la segunda ola, con más de 15 mil contagiados por día (casi el doble de los peores registros de marzo) y con la intención del gobierno federal de declarar nuevamente el estado de alarma, con toque de queda incluido, como ha sucedido en otros países europeos, estos días, ante el rebrote.
Pero lo que sufre España también puede verse hoy en Argentina: políticos y ciudadanos comunes que parecen no haber aprendido nada y se niegan a adoptar medidas sanitarias y de restricción en la circulación de las personas que aconsejan especialistas de todo el mundo. Sectores de poder que aprovechan el momento de debilidad social y económica del país para sembrar más sombras, luego de haberlas instalado contra las medidas centrales que han permitido, hasta el momento, la resistencia del sistema sanitario nacional, en su máxima tensión en varios puntos del país, pero haciendo frente sin colapso, como les ha pasado a muchos países (Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, por nombrar algunos latinoamericanos. Italia y España, por nombras sólo dos europeos).
De eso precisamente se queja una tuitera española, que perdió a su madre al inicio de la pandemia. Sara M.G. cuenta que su madre falleció el 24 de marzo y recuerda la soledad en la que ella, su padre y su hermano tuvieron que despedirla. Ahora, Sara M.G. recuerda aquellos duros momentos y lamenta que España vuelva a tropezar con la misma piedra. Una disyuntiva que también puede servir de ejemplo aquí en Argentina, en medio de más de 1 millón de casos positivos, y 27.100 muertos por Covid19.
"El día del entierro de mi madre, 24 de marzo, en pleno estado de alarma, fuimos mi padre, mi hermano y yo, por separado, cada uno en su coche con guantes y mascarillas. Nos dispusimos en fila frente al cementerio esperando a que llegara el coche de la funeraria y, atentos a la posible llegada de la policía, al advertirnos de que, si eramos más de dos, nos multarían; sí, en el entierro de mi madre. El cura, a quien Dios tanto protege, ni apareció (por mí encantada, que les den a sus responsos). En cuestión de 5 minutos: "Por favor, se tienen que ir".
Nos vamos, sabiendo que el cuerpo de mi madre está metido en una caja bajo la tierra, cuando el día anterior estaba en su sofá con su sonrisa y sus ganas de vivir. No sabemos qué hacer, estamos los 3 en medio de un descampado y cada uno debe irse a su casa, no podemos besarnos.
No podemos abrazarnos, ni juntarnos en la misma casa. Mi padre se queda solo. Comienza la aventura para que nos hagan las pruebas. No nos la hacen a ninguno. Se nos ha muerto la mujer que nos ha dado vida, pero no nos da derecho a saber si también estamos contagiados.
Soy yo la que se encarga de llamar al hospital para que me confirmen de una vez si ha sido covid o no. Si no llego a llamar no me informan. Aun así, llaman al móvil de mi madre para saber cómo está. Lo coge mi hermano y les dice hasta en dos ocasiones que está muerta.
¿Apoyos? Los justos de las personas más cercanas. Una supuesta psicóloga nos ha estado llamando para decirnos lo que ya sabemos y cumplir con lo que le ha tocado hacer.
El tiempo se paró y se llevó  a mucha gente, entre ellas a mi madre. Ahora el mundo vuelve a rodar, pero muchos tenemos el corazón y la mente aún paralizados, mientras vemos cómo la sociedad se toma esta segunda ola como una mera incomodidad en la cotidianiedad de sus días.
Busco los colores que antes encontraba en el mundo, pero de momento sólo veo grises y agujeros negros".
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lunes, 19 de octubre de 2020

Más sobre la indolencia cordobesista, en medio del imparable coronavirus

"Después de siete meses de batallar contra la pandemia, muchos profesionales de la salud de Córdoba se encuentran agotados y piden refuerzos. Referentes de las distintas organizaciones que los nuclean advierten que aumentan las bajas por contagios y por contactos estrechos.
“A esta altura del partido, lo que más afecta es el factor emocional. Estar en contacto con la enfermedad, con la angustia de pensar que podemos contagiar a nuestras familias. Perdimos muchos compañeros en las últimas semanas y cada muerte nos provoca una angustia difícil de superar”, explica Nora Vilches, presidenta de la Federación de Entidades Profesionales Universitarias de Córdoba (Fepuc).
“Estamos viviendo una situación muy crítica. Se han agregado camas, pero no hay quién las controle. Creo que estos meses se podrían haber capacitado a internistas, a clínicos, a anestesistas o a terapistas pediátricos en el manejo de estas unidades, al igual que enfermería, pero creo que faltó previsión”, opina Raúl Audenino, miembro de la agrupación Médicos Autoconvocados.
La sensación es compartida por la mayoría de las entidades que nuclean a los equipos de salud. “Hay que tener en cuenta que la pandemia arrancó con una buena parte de los equipos aislados, por ser grupos de riesgo. Y los que quedaron sufren el estrés de trabajar en forma permanente. Con guardias de 12 horas y descanso de 24”, agregó Vilches, referente de Fepuc.
Por su parte, Carlos Mulqui, integrante de la Agrupación Médicos de Guardia Centrales de Córdoba, agregó que en las últimas semanas descendieron los testeos al personal de salud y que bajó la calidad de los elementos de protección personal que se entregaron a los equipos de salud de los hospitales.
“Los profesionales estamos agotados porque no tenemos recambio. Hay muchas camas del hospital modular del Polo Sanitario que no se pueden poner en funcionamiento porque no hay suficiente personal. La Provincia recluta gente a través de las sociedades científicas, pero nosotros necesitamos saber en qué condiciones hay que trabajar”, agregó.
Una encuesta realizada por la agrupación Médicos Autoconvocados de Córdoba reveló que apenas el 17 por ciento de los médicos tiene un solo empleo. El 31 por ciento trabaja en dos lugares; el 28 por ciento, en tres; el 13 por ciento, en cuatro, y el 11 por ciento, en más de cuatro.
Además, que más de la mitad trabaja de nueve horas para arriba. Y que el 75 por ciento está insatisfecho con lo que gana. El 46 por ciento trabaja en la ciudad de Córdoba; el 29 por ciento, en el interior; el 21 por ciento, en ambos lados, y el cuatro por ciento, además, fuera de la provincia.
La muestra abarcó a 1.350 médicos, de los cuales el 80 por ciento tenía especialidad".
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sábado, 17 de octubre de 2020

El indolente cordobesismo

"La manifestación del 12, nunca mejor referencia al canal cordobés auspiciante, presenta dudas acerca de si la fecha elegida tuvo o no relación con el homenaje a los saqueadores de mil cuatrocientos noventa y dos. 
Como si formaran parte de la barra brava de Pinzón, algunos de los jóvenes que invadieron las tierras del Patio Olmos, luego de la fiesta, la bebida y el baile, concurrieron, mal dormidos, a hisoparse preventivamente, a la mañana siguiente, en la vieja Terminal.
Otros, como si fueran portadores asintomáticos del sarampión o la viruela de los ambiciosos acompañantes de Cortéz y Pizarro, festejaban las delicias de la inconciencia con carteles que burlonamente convocaban desafiantes, entre risa y cerveza, a un encuentro en el Hospital Rawson.
Mientras la jarana de los libertarios se desarrollaba en la ciudad de Córdoba, paradójicamente en torno a la llamada “Fuente del Perdón”, en Jesús María, al ritmo de tractores y las 4x4 con carteles que decían “No a la infectadura”, en el hospital Vicente Agüero, moría infectado de Covid 19 el enfermero de treinta y ocho años Leonardo Quiróz.
En declaraciones a La Nueva Mañana, el médico Eduardo Maturana, especialista en infectología y epidemiología, contaba que a las diez camas de terapia para pacientes Covid, se le sumaron veintiseis de la sala común, y en los próximos días, dada la alta demanda de hospitalización, se convertirá la sala de internación obstetricia en internación para Covid.
"De acuerdo a la evolución de cada pacientes vamos viendo quién pasa a terapia y quién no. Pero tenemos algunos que deberían estar en terapia y no lo están porque no nos dan las camas. Pero lo más desesperante es que no tenemos personal para sostener el tratamiento. O estamos aislados, como es mi caso por ahora, o infectados o muertos como Leo. El desconsuelo es tremendo".
Los manifestantes del 12 parecían marchar guionados por los creadores de “La vida de Brian”. Muchaches que dicen que están cansados del encierro mientras marchan libremente buscando, sin éxito, que alguien los detenga. Y gritan “Que viva la democracia”, al tiempo que exigen que el presidente votado en elecciones libres el año pasado se vaya y la vicepresidenta sea lapidada". 
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jueves, 15 de octubre de 2020

El SMVM representa el 27% del promedio salarial

"¿A quién le interesa el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM)? Responder este interrogante es central para entender la paupérrima suba del 28% en tres cuotas acordada en el Consejo del Salario. El SMVM llegaría a $ 21.600 recién en marzo. En términos reales, se convalida una caída del 9% en el año y vuelve a los niveles de 2004. En este punto, el primer año de gobierno de Alberto Fernández no se diferencia mucho de los últimos dos de Mauricio Macri.
¿A quiénes alcanza este incremento? De manera directa, su impacto sobre los asalariados registrados es marginal, casi nulo. Los básicos iniciales de convenio en casi todos los casos están bien por encima de ese monto.
Algunos asalariados registrados poseen remuneraciones inferiores (casas particulares, algunos provinciales y municipales). Sin embargo, en todos estos casos no se aplica la garantía del SMVM, por lo que la suba acordada no tendrá efectos inmediatos.
Por el contrario, el aumento del SMVM sí tiene un impacto directo en cuestiones que comprometen fondos públicos: salario social complementario, jubilación mínima, salario mínimo docente, programa ATP (Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción).
En otras palabras, en el corto plazo, la variación del SMVM no afecta a los empleadores (podrían firmar bastante más que el 28% y todavía tendrían margen) pero sí podría tener algún impacto en las cuentas públicas. Ello tampoco alcanza para explicar que el Gobierno Nacional promueva un porcentaje de aumento tan bajo. Martín Guzmán no se va a quedar sin caja por ello.
El eje parece volver a estar puesto en la utilización del SMVM como ancla salarial, como una señal que limite la puja distributiva en aquellos sectores que todavía tienen margen para pelear por mayores salarios.
En los años 90, el SMVM se fijó en la suma de $200, lo que equivalía aproximadamente al 25% del promedio salarial. El gobierno de Néstor Kirchner rompió con esta lógica y lo utilizó para impulsar al alza la negociación salarial.
Luego de diversos aumentos, acordados a partir de 2004, el SMVM pasó a representar entre el 40% y el 45% del promedio salarial. En otras palabras, las actividades de menores ingresos tenían el piso muy cerca, lo cual servía como garantía a la hora de negociar.
A partir de 2012, esta lógica empezó a resquebrajarse y el SMVM comenzó a perder posiciones lentamente. De impulsar la negociación salarial, pasó a ser el cierre de la ronda, alejándose cada vez más de los básicos de convenio.
Lo que venía siendo un lento deterioro se transformó en una caída brutal a partir de 2018 y este año volvimos a valores “noventistas”: en el tercer trimestre, el SMVM representó apenas el 27% del salario promedio.
El incremento acordado ahora convalida este proceso. El SMVM vuelve a cumplir una función de ancla y sigue sin servir como mecanismo de garantía para los trabajadores de aquellas actividades que tienen los ingresos más bajos.
El aumento de ahora también le pone un límite a reclamos que podrían formularse en sectores que suelen tomar al SMVM como referencia (casas particulares, sector público provincial y municipal, economía popular)
En conclusión, la suba acordada implica perder una oportunidad para impulsar una política salarial que fortalezca los ingresos de los sectores de menores recursos y tiene mucho más de continuidad que de ruptura".
Coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma
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miércoles, 14 de octubre de 2020

El método y la época: "Al Gobierno le falta construir una epopeya propia"

"El Frente de Todos (FdT) fue un “contrato electoral” exitoso. Exitoso porque ganó, pero antes de eso, porque le permitió al peronismo construir un canal de diálogo con la Argentina “líquida”. Ese conglomerado flexible que no forma parte de las dos minorías intensas, que cohabita el centro del espacio político, que pendula y define elecciones en el sistema político. La Argentina aspiracional. 
Sin embargo, desde el 10 de diciembre a esta parte, el FdT no logra resolver satisfactoriamente un “contrato de gobierno”: una agenda y una cadena de mandos. El gobierno funciona como un esquema de pujas y vetos cruzados, con una agenda minimalista, muchas veces en pugna, y un liderazgo más enfocado en administrar tensiones internas que en conducir y transformar. El “método” Frente de Todos.
El problema con este método, tenue, incrementalista, que podría funcionar en una democracia desarrollada sin necesidades de reformas estructurales, es que, gobierna un país que precisa una terapia de shock para poder avanzar. ¿Puede modificarse un método? Si, en tanto dispositivo colectivo. Lo que aquí denomino “un contrato de gobierno” para la coalición.
Un nuevo método. Una nueva etapa. Una “canción urgente” para la coalición electoral, que necesita dejar de ser coalición “en” gobierno, para transformarse en coalición “de” gobierno. Y en el mismo movimiento, recuperar el stock de confianza social y económica: ir por delante de las expectativas. ¿Cuáles podrían ser los capítulos de un relanzamiento coalicional anclado en un contrato de gobierno?
En primer lugar, el gobierno necesita una agenda. Necesita sacralizarla, traducirla en un plan, comunicarla y ejecutarla. Una agenda que enamore y empuje hacia el futuro. Que sea nacional y federal. Y que colonice todos los intersticios de la coalición: Poder Ejecutivo y Poder Legislativo. De lo contrario y en su ausencia, existen tantas agendas como corrientes al interior de la coalición. Una crisis de subjetividad, que alimenta el faccionismo interno y emite señales confusas hacia la sociedad (y el mercado).
En segundo lugar, el gobierno necesita resolver la cadena de mandos y dotarse de musculatura política. El Estado no puede ser un campo de batalla de las facciones de una coalición, porque ese juego balcaniza la capacidad gubernamental, aislando a la coalición de la sociedad. Una especie de endogamia gubernamental: la agenda es la coalición. Y la culpa no es de las facciones ni de su poder relativo. Ninguna facción política se va a desempoderar. El déficit es la dificultad del pináculo para constituirse y ejercer el poder político. Parafraseando a Andreotti, el poder desgasta a quién no lo ejerce.
En tercer lugar, el gobierno necesita adquirir una ergonomía anfibia. Así como la colonización privada del Estado durante el macrismo generó problemas de interacción con la realidad, el aislacionismo público respecto del sector privado puede conducir al mismo callejón sin salida: sesgos cognitivos. Es importante construir una autonomía relativa, donde las decisiones públicas incorporen el conocimiento que aporta el mercado y la economía real. Hay que salir de las lógicas binarias: mercado sin Estado, Estado sin mercado. Necesitamos un ecosistema colaborativo permanente entre sector público y privado. El poder reside en edificar una relación virtuosa entre Estado y Mercado, no en la ausencia de esa relación.
En cuarto lugar, el gobierno necesita federalizarse. Si uno se aleja unos kilómetros de la General Paz, la impresión que se desprende es que Argentina ha ingresado en una etapa confederal, donde los Gobernadores han recuperado autoridad soberana, a la par que el “Estado Nacional” se reorganiza en una suerte de “Estado AMBA”. Esa “sensación” de vacío en los territorios, podría comenzar a corregirse si se amplía el horizonte geográfico de reclutamiento de cuadros político-gubernamentales, y se correlaciona la ejecución presupuestaria con un plan y una agenda federal".
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domingo, 11 de octubre de 2020

¿Por qué el "Quedate en casa" empieza a perder la batalla política?

"El confinamiento fue concebido idealmente como una norma respetable y respetada, destinada al cumplimiento de todos los habitantes. Sin embargo, el “quedate en casa”, recibido inicialmente con una amplia aprobación, terminó demostrando que no se puede mantener en el tiempo.
Cabe preguntarse: ¿a qué se debió que, pasado un tiempo, una parte importante de la población no hiciera caso a la norma? O tal vez la interrogación debería ser más osada: ¿Por qué habrían de obedecerla? Las posibles respuestas revelan menos la existencia de una población negacionista, que las dificultades de las condiciones de cumplimiento, que ahora conocemos mejor.
La primera: los comportamientos de los ciudadanos tienen en el Estado tan sólo una de las fuentes de normativización, y no necesariamente la más determinante. Además del Estado, hay que considerar el peso de otras creencias, uno de cuyos rasgos es la tendencia a desconocer o reinterpretar las normas sanitarias que formulan las autoridades.
La segunda premisa es que las personas no se comportan como “idiotas sanitarios” cuando toman riesgos o desafían de manera extrema las normas establecidas. Cuando incurren en estas transgresiones, hacen algo más que rechazar una regla: pueden utilizar esas y otras normas para incluirlas en un vasto repertorio formado por percepciones complejas y contradictorias que ellas mismas elaboran para plantearse sus fines y expresar adhesiones a un orden simbólico. Es una manera de construir “microcomunidad” o de comunicar sus posiciones políticas.
Por eso, es necesario reparar en lo que subyace a ciertos comportamientos “epidemiológicamente incorrectos”. Ignorar esta lógica puede aglutinar negativamente a conjuntos de personas que no tienen por qué estar necesariamente unidas, personas que se oponen a la cuarentena por motivos diferentes. El realismo sociológico es un muy buen principio de la acción política.
Hay todavía un sentimiento transversal a bandos políticos y estratos sociales que estuvo presente hasta agosto; tal vez hoy esté más debilitado, pero no agotado. Ocurre que estamos ante algo más grande que los gobiernos: la recuperación de niveles de vida previos a la pandemia es dura, de largo plazo, y necesariamente registrará altibajos. Se imponen ajustes en el consumo, en las expectativas, en los planes de vida; es decir que para distintos estratos sociales asoma como una realidad la circunstancia de perder ingresos.
Las personas ven aflorar la crisis en sus vidas y asumen que no les queda otra alternativa que gestionarla. Es desde esta sede moral que se estructuran y plantean diversas lógicas, que combinan la aceptación de las políticas sanitarias y la necesidad o posibilidad de transgredirlas, superarlas o cuestionarlas. Como parte de esa gestión se encuentra la salida irremediable de la casa para resolver los apremios económicos.
La adhesión a un proyecto colectivo de sanidad tiene límites en el aguijón de la necesidad. Y no sólo nos referimos a necesidades “objetivas” que demuestran ser apremiantes, que se acumulan y se potencian. También entendemos que ese contexto nutre de valores y sentimientos la demanda de las personas por aperturas o las rupturas más o menos controladas del aislamiento basadas en el deber de sustentar a la familia. Y también pueden ser la base para un reclamo de “libertad” cuando esos sentimientos son desconocidos o minimizados por el Estado.
Aquí es necesario abrazar una complejidad: si bien se valoran las herramientas estatales que permiten amortiguar la caída económica, también se rechazan como muestras de indolencia ciertas afirmaciones del gobierno que parecen suponer que con ayudas como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) y la Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) está todo solucionado. Hay que reparar en el efecto trágico que para muchas personas, que hasta ahora contaban con una situación de autosuficiencia y desdeñaban a quienes “viven de subsidios”, implica convertirse en beneficiarias del Estado.
Las creencias no son afirmaciones que pretendan valer más allá de cualquier circunstancia. Pero en algunos casos esas creencias tienen más prestigio y valor simbólico que la información oficial. Al menos cuatro tipos de creencias inciden en el modo de rechazar parcial o totalmente la cuarentena y en la modulación de los cuidados en general:
-La economía moral de la proximidad. Desde este punto de vista, distanciarse físicamente significa poner entre uno y otro una distancia moral, una enemistad, una duda, tal vez una acusación. Algo así como: “¿Pero qué pensás, que estoy enfermo, pensás que te voy a contagiar? ¿Que fui imprudente pero no me lo decís?”. El distanciamiento social es vivido como si fuese una desfraternización, una quiebra de una economía moral de la proximidad que funciona de forma inversa a los imperativos sanitarios.
-La protección sobrenatural. Una segunda creencia es la vinculada a las ideas relativas a circunstancias, seres, relaciones excepcionales que hacen creer a alguien que tiene más o menos probabilidades de detener el virus: cada uno puede tener un dios aparte o un dios propio, o su versión de dios o su versión de la suerte o de las fuerzas sobrenaturales. Esta idea acompaña a cada sujeto, y en algunos grupos opera como una idea muy fuerte de que habría alguna excepcionalidad personal o grupal que hace que uno no esté expuesto al contagio.
-La estadística por mano propia y la relativización de la información oficial. Se alimenta de la creencia en la aleatoriedad o supuesta aleatoriedad del contagio y la gravedad de la enfermedad. Todo el mundo conoce o dice conocer casos en los que la ruptura de los cuidados no fue sucedida por un contagio como el que anuncia la información oficial. En esas condiciones percibidas por los actores se legítima el cuentapropismo estadístico, para el que siempre hay un caso que avala la teoría de la aleatoriedad, que suele combinarse con las doctrinas de la excepcionalidad individual.
-La lógica de la insubordinación. La última creencia que ayuda a explicar las transgresiones a las normas sanitarias es la invocación a una resistencia legítima a la autoridad, en tanto supone un desconocimiento o una intención oculta o perjudicial. Desconocer la norma apelando a un supuesto origen oscuro que la justifica. Hay toda una serie de informaciones sobre conspiraciones, complots, etc, que pueden parecer ridículas y que, sin embargo, para muchísima gente tienen estatuto de saber y de realidad. Es conocida la existencia de teorías que sostienen que el coronavirus no es tan importante o que es una maniobra para manipular a las personas. Así como se obedece al Estado por tradición, porque el Estado sabe lo que hace y yo no, existe la posición inversa: yo sé otra cosa, yo tengo una información especial que el Estado no conoce, y entonces lo desobedezco".
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sábado, 10 de octubre de 2020

¿Se viene el pan transgénico?

"El trigo transgénico no está impulsado por Monsanto-Bayer, ni Syngenta-ChemChina, ni Corteva (fusión de Dow y Dupont). La impulsora es Bioceres, un emporio conformado por medio centenar de empresarios del agro, entre ellos los millonarios Hugo Sigman (presidente del Grupo Insud, con presencia en cuarenta países, desde laboratorios farmacéuticos hasta medios de comunicación, y hoy con un rol ante la producción de la supesta vacuna contra el coronavirus, también transgénica), Gustavo Grobocopatel (el llamado “rey de la soja”) y Víctor Trucco (presidente honorario de Aapresid, cámara que reúne a empresarios referentes del agronegocio e impulsores de los transgénicos en Argentina).
Bioceres se presenta como “proveedor totalmente integrado de soluciones en productividad de cultivos” y publicita que cuenta con “alianzas estratégicas con líderes mundiales, tales como Syngenta, Valent Biosciences, Dow AgroSciences, Don Mario y TMG”. Sus ejes de negocios incluyen semillas de soja, maíz, alfalfa y trigo.
La variedad del llamado “trigo HB4” ya había sido presentada en noviembre de 2018. Dos años antes, una decena de organizaciones sociales (Cátedra de Soberanía Alimentaria de la UBA, Foro Ecologista de Paraná, Acción por la Biodiversidad, entre otras) había lanzado la campaña No se metan con nuestro pan, donde expresaban: “Sabemos que los transgénicos son una amenaza para la biodiversidad, para el ambiente y la salud de todos. Sabemos que las aprobaciones y los controles son, en la Argentina, muy poco serios. Pero esto es peor. No queremos trigo ni pan transgénico. Exigimos saber qué estamos comiendo”.
El avance de esta variedad transgénica se fue acuñando en Santa Fe, de la mano de la científica Raquel Chan, docente de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral y el Conicet, tomó notoriedad pública cuando desarrolló una soja resistente a la sequía. La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el entonces ministro de Ciencia, Lino Barañao (luego devenido en ministro macrista), la mencionaban como ejemplo de la ciencia productiva para el país. “Este desarrollo significaría mayor producción de alimentos, con una población mundial que crece cada vez más”, afirmó Chan en 2012.
El presidente del Consejo de Calidad de Trigo de Estados Unidos, Dave Green, le dijo a la agencia Reuters que en su país -segundo exportador mundial de trigo, después de Rusia- no existe interés en desarrollar el trigo transgénico: “Ninguno de nuestros clientes extranjeros lo quiere”.
Carlos Manessi, integrante del Centro de Protección a la Naturaleza (Cepronat) y la campaña Paren de Fumigarnos, completa: “Pasa que va a haber una gran batalla para que esa harina se consuma. En Brasil, lo mismo: el 85% del trigo brasilero es argentino. Hasta que Brasil lo autorice, si es que lo autoriza, va a tardar por lo menos cinco años”".
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