domingo, 29 de mayo de 2016

El Papa Francisco dividió a La Nación

Durante años, los columnistas de La Nación operaron como un todo monolítico a la hora de traslucir en palabras los intereses de la empresa, contrarios, la mayoría de las veces, a las decisiones del gobierno kirchnerista y especialmente a la cosmovisión socio-cultural que proponía el kirchnerismo.
Siguieron unidos a la hora de operar en favor del candidato presidencial Mauricio Macri, hasta se entusiasmaron tanto luego de su triunfo del 22 de noviembre que llegaron a pedir la libertad de los genocidas encarcelados (actitud patronal y de las estrellas de la redacción que fue rechazada por las bases ante lo desproporcionado del reclamo). Hoy, por ejemplo, la editorial del diario pide que l,a Comisión Interamericana de Derechos Humanos vele por los derechos humanos de esos abuelitos.
La mayor cercanía o lejanía con el jefe de Gabinete, Marcos Peña, ha empezado a marcar diferencias de criterio en las últimas semanas entre dos de esos escribas: Joaquín Morales Solá y Jorge Fernández Díaz.
Morales Solá, más desde una militancia amarilla que es evidente con solo recorrer sus invitados en su programa Desde el Llano, de TN (antikirchneristas en el 90% de los casos, especialmente desde la campaña electoral pasada); Fernández Díaz, más desde un ciego y rabioso antikirchnerismo, que ahora comienza a virar a maniobras coordinadas con Peña. Ambos, también empleados del Grupo Clarín.
En sus columnas de hoy y anteriores comienzan a vislumbrarse divergencias a la hora de apostar por la relevancia mundial de Bergoglio (similar a la estrategia que asumió el kirchnerismo una vez que el argentino fue nombrado máxima autoridad mundial de la Iglesia Católica) o bien atacarlo ya que no se alinea con las medias verdades y los engaños del #RelatoPRO.
Asegura Morales Solá: "Hay una rumorología sobre disidencias presuntas entre el Gobierno y la Iglesia. Y hay una cuestión que ha sobrevolado esa relación en días y meses recientes: la existencia de un núcleo enorme de pobreza entre los argentinos. Lo primero es una interpretación; lo segundo es un hecho y, por lo tanto, irrefutable. Cualquiera que se tome el trabajo de golpear la puerta de despachos religiosos y gubernamentales se llevará una sorpresa. No hay grandes diferencias ni en el cálculo de la pobreza, ni en su diagnóstico, ni en la solución del problema. Una segunda sorpresa es fácilmente perceptible: ni obispos ni funcionarios quieren disentir entre ellos.
La figura del papa Francisco también forma parte de esos rumores y es, tal vez, lo que estimula aquellas versiones sobre las supuestas diferencias locales. Es cierto que hay un sector de la sociedad furiosamente antikirchnerista, al que no le cae bien nada de lo que hace o dice el Papa. Una parte de ese fanatismo adscribe al gobierno de Mauricio Macri. Es fácil, por lo tanto, describir al Pontífice y al Presidente en bandos enfrentados, pero la verdad es más sofisticada. Existe otro fanatismo, el cristinista. Entre los dos fanatismos suman un 24% de la sociedad, un porcentaje que no es desdeñable y que explica la dificultad de curar la fisura social.
Anteayer, el Papa se reunió a solas con Hebe de Bonafini. La protagonista es conocida por sus provocaciones verbales y fácticas. Muy pocos argentinos (es difícil encontrar otro) han ofendido, como la ha hecho Bonafini, a la persona del Papa con las palabras y con los hechos. ¿Por qué interpretar esa reunión como una agresión contra Macri y no como lo que es: un gesto religioso de perdón?".
A la página siguiente, Fernández Díaz arremete: "La experiencia no tiene ningún valor ético -decía Wilde-, es simplemente el nombre que les damos a nuestros errores". El macrismo, en su breve experiencia nacional, comete algunos errores tácticos no especialmente originales: Néstor Kirchner también dedujo que Bergoglio estaba vertebrando a toda la oposición, sólo que la respuesta a esa conjura fue la hostilidad y no la indiferencia. Alguien convenció hace cuatro meses a Mauricio Macri de que resultaría mejor la lejanía y a lo sumo el frío protocolo que el acercamiento y la oreja. Francisco, por lo contrario, quiere llamados telefónicos, consultas, largas conversaciones mano a mano en Santa Marta, y que la Iglesia nunca jamás deje de ser un factor político. Durán Barba decretó en la mesa chica que el Papa no tenía peso electoral (preguntar en el domicilio de Aníbal Fernández) y entonces el malentendido quedó firme y sellado. La falta de política con el viejo vecino de Flores, hoy uno de los máximos líderes del planeta, le salió carísima al Gobierno: de sobrepique los vicarios de Pedro denunciaron que el plan de Prat-Gay había creado más de un millón de pobres, y en los últimos 20 días su Iglesia se transformó en el gran partido de vanguardia de los reclamos.
Dentro de la jerarquía eclesiástica local hay de todo, como en el peronismo, y también una cierta autonomía, pero por obvia supervivencia sus principales cuadros no dejan de mirar los gestos del Santo Padre. Que son inequívocos. Francisco transmitió a los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano su preocupación por "los conflictos sociales, económicos y políticos" de algunos países: la Argentina convive en esa corta lista incendiaria junto con Venezuela (al borde de la hambruna y de una guerra civil) y Brasil (víctima de una crisis institucional sin precedente que destituyó a su presidenta). No hay todavía un informe de daños, pero es indudable que la mención pública de un papa, y encima argentino, no llevará mucho sosiego a los inversores que intentamos seducir para que vengan y generen trabajo. Hay quienes dicen que Bergoglio fue sacado de contexto. Puede ser, pero nadie en todo caso se encargó oficialmente de desmentir el exabrupto.
Otra señal que envió, a través de distintos dirigentes, consistió en declararse secretamente alarmado por el presunto revanchismo (al estilo Revolución Libertadora) que estaría operando en su antigua nación. Este delirio (el Estado sigue plagado de kirchneristas en todos sus niveles) obliga a repensar los pasos que debió dar el nuevo gobierno para no herir la sensibilidad papal. ¿Debió abstenerse Macri de despedir a los militantes de la Operación Copamiento y a los vergonzosos ñoquis que fueron conchabados a última hora? ¿Debió mantener el cepo judicial para que los jerarcas cristinistas no fueran imputados? ¿Debió impedir que la justicia federal indagara los negocios turbios de Milagro Sala? ¿Debió ocultar la herencia recibida y no remover los obscenos símbolos del culto a la personalidad? Sería interesante ver la reacción de la opinión pública si algún delfín de Bergoglio diera por fin la cara y repudiase en público lo que critican en privado".
Finalmente, el también conductor de radio Mitre tiene espacio en su columna para ofuscarse con Bergoglio por "obsequiarle" a Hebe de Bonafini "una tribuna mundial para el resentimiento".
Más:
Encuesta de M&Fruit sobre el Papa y Macri

4 comentarios:

rib dijo...

bonafini al poner a bergoglio en el lugar del finado kirchner
lo reconoce como nuevo líder del movimiento nacional

podrá bergoglio lo que perón no pudo?

Sergio Villone dijo...

Luche y vuelve?

Chily dijo...

Antes era Puerta de Hierro y hoy Santa Marta.
Grande el cumpa de la JP.

Chily dijo...

Antes era Puerta de Hierro y hoy Santa Marta.
Grande el cumpa de la JP.

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