sábado, 28 de mayo de 2016

El círculo de los convencidos y un mundo post-fáctico

Cada vez la mirada se vuelca sobre el peligro de los círculos de los convencidos y los microclimas engañosos que hacen tomar malas decisiones, habitualmente asentadas en prejuicios antes que en datos más o menos comprobables y chequeados.
Ya lo escribíamos el 25 de mayo a propósito de la incredulidad en varios sobre el apoyo que sigue recibiendo la figura del presidente Mauricio Macri (aunque en baja) a pesar de las críticas que despiertan su gestión y algunas de sus medidas más controvertidas.
El domingo pasado, Horacio Verbitsky, en Página 12, rescató dos columnas en medios estadounidenses que ya hablan de un mundo post-fáctico con el cual se manejarían muchas personas, encerradas en sus juicios previos y en la legitimación de su punto de vista que producen las redes sociales que ellas mismas han sabido armarse.
"El Washington Post publicó una columna sobre lo que llamó “un mundo post-fáctico”, en el que el público ni siquiera se preocupa por saber si los hechos que se le presentan son verdaderos. Se detectó una tendencia general a creer en los supuestos hechos que confirman las opiniones preexistentes y desechar aquellos que las contradicen. Este fenómeno se potencia en las redes sociales, donde quienes sostienen las opiniones más fuertes son los menos inclinados a modificar sus puntos de vista y tienden a rechazar como tendenciosa cualquier corrección basada en datos.
Otra publicación estadounidense atenta al mismo fenónemo es la revista New Yorker, donde Jill Lepore escribió que la enorme cantidad de datos disponibles vuelve a las personas cínicas respecto de la verdad misma. “Con tantas fuentes de información disponibles, es mejor suponer que son todas erróneas. Si la verdad está pasada de moda, si vivimos realmente en un mundo post fáctico, no hay ningún motivo para que los mentirosos se avergüencen”. Pese a que Donald Trump miente una y otra vez en su campaña y que sus falsedades son de inmediato señaladas, “esto no incide en su comportamiento ni en el de sus seguidores”, dice el Post.
También el referendo sobre la posible salida británica de la Unión Europea está plagado por un mal uso intencional de los datos, agrega. Pese a que ha sido demostrada su falsedad, la cifra de 350 millones de libras por semana que Gran Bretaña pagaría a la Comisión Europea, sigue pintada en el exterior de los ómnibus como argumento de campaña, sin que nada cambie. La conclusión es que, en la era de las redes sociales, a los políticos, los militantes, los programas robot y los gobiernos les resulta fácil manipular las noticias y al público cada vez más difícil corregirlo, aún cuando se lo proponga", resumió Verbitsky.
El periodista Robert David Sullivan, en America Magazine, también abordó la preocupación por este creciente fenómeno, aunque escribiendo desde el miedo que sienten círculos "liberals" estadounidenses por un cada vez más probable triunfo presidencial del multimillonario Donald Trump: "El republicano ha establecido la costumbre de decir cosas que suenan verdaderas para sus seguidores, independientemente de si tienen alguna base en los hechos. Según Trump, la inmigración ilegal procedente de México está subiendo (no es así), el desempleo es tan alto como el 42 por ciento (sólo si se cuentan que todos los jubilados quieran volver a trabajar) y los Estados Unidos está "primero" en gasto en educación, pero "último" en el desempeño educativo (equivocado en ambos casos).
Trump, escribe Jill Lepore en The New Yorker, se adapta perfectamente a un mundo post-fáctico, o de verdades a medias, que no es completamente nuevo, sino que se asemeja a la intimidación de la infancia (si puedo pegarte, debo estar en lo cierto) y cuentos medievales (si puede flotar en un río, debe ser una bruja): "El juicio por combate y el juicio por ordalía ponían la decisión en manos de Dios. El juicio por jurado coloca el juicio en manos de los hombres. Se requiere un tipo diferente de comprobación: los hechos".
Aún así, no estoy seguro de que evitando las diferencias en las opiniones políticas sea un fenómeno completamente nuevo. Incluso cuando los periódicos se podían encontrar en la mayoría de los hogares, un montón de lectores ignoraban las noticias y columnas que parecían desafiar sus creencias. Mi suposición es que las discusiones entre los miembros de la familia y amigos hacen más para evitar las mentiras a medias que el autoritarismo de las cadenas televisivas de noticias. Y no sé qué podrían hacer los periodistas con personas que se desplazan a lugares donde casi todos votan por el mismo partido".

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