lunes, 21 de mayo de 2018

Crece la venta de ropa usada

La crisis económica que sufre el país se expresa en diversas prácticas, algunas nuevas, otras recicladas, que los argentinos llevan a cabo para hacer frente a la caída del poder adquisitivo del salario, la alta inflación, el tarifazo, la pérdida del trabajo y la devaluación del peso.
En Río Cuarto (Córdoba), como en otros puntos del país, crece la venta de ropa usada. Adriana Frachetti está en este rubo desde hace años, luego de quedarse sin trabajo, buscando una salida. "Tengo un aumento del 70%, y ahora todos venden, ya nadie regala nada", afirmó.
Una cartera de cuero cuesta $390, botas y jeans se consiguen desde $150, una campera de invierno sale $600, y la más cara, de cuero, vale $800. Adriana contó que el éxito de su negocio es comprar a bajo costo: "Si comprás barato, vendés barato, y la gente se va contenta. Yo creo que con la crisis que hay, cada vez más la gente se va a volcar a esto".
Por su parte, María del Rosario Rodríguez es diseñadora de indumentaria y empezó con una venta de garaje en la casa de su hermana. Ahora, dice que "con el aumento de costos, tuve que cerrar el negocio en el centro y ahora me muevo a través de redes sociales. Tengo un showroom en la casa de mi mamá. Me consultan precios, talles, nos citamos con las clientas. Tengo un grupo armado y fiel".
"Hay  muchas mamás que buscan la ropa de los chicos, porque ahora está muy cara, entonces van y se surten de buzos, pantalones de jogging, todo muy urbano, de todos los días, para no irse a las marcas. Con 1.000 pesos acá se llevan más de 10 prendas y en un negocio de ropa te llevás sólo un jean", graficó.
En Córdoba capital, desde abril, funciona la feria Perchero Móvil, un espacio de recolección (con curaduría) de prendas usadas en buen estado, que se ofrecen a precios bajos. "Buscamos promover el reúso de la indumentaria y limitar la acumulación en roperos. Además, invitamos a los clientas a que ingresen a la feria con una prenda en buen estado para donar a la Liga Solidaria por Educación y Cultura, que recauda fondos para llevar adelante programas y becas educativas", contaron las organizadoras.
En Neuquén, la llegada del invierno y los fuertes fríos acelera la decisión de comprar ropa de abrigo, que ronda los 2.500 pesos. Sin embargo, existen medios alternativos para comprarla a un precio que puede ser hasta un 40% más bajo. En la Feria de Las Pulgas, a la vera de la calle Láinez, las camperas acanaladas de pluma se consiguen por 1.500 pesos y registran una variación mínima con respecto al año pasado.
Los buzos y sweaters de lana cuestan unos 500 pesos y tuvieron una suba de entre el 10% y el 20% con respecto al año pasado. Y aunque hay pantalones de frisa en oferta por 180 pesos, los puesteros pasan horas sentados a la espera de algún cliente que se anime a comprar. "Está todo muy tranquilo, vamos a esperar que lleguen los días más fríos para que empiecen a comprar", indicó Miriam, a cargo de un puesto donde se venden guantes de lana desde 50 pesos, gorros tejidos por 150 pesos y cuellos térmicos entre 100 y 200 pesos. Según detalló, el clima templado, el incremento en las tarifas y la situación económica actual complotaron contra el nivel de ventas en Las Pulgas.
Irma, desde otro puesto, aclaró que muchos compran camisetas térmicas por 200 pesos o calzas térmicas unisex a 250, para usar debajo de la ropa y evitar invertir en camperas que llegan a los 2.300 pesos en sus versiones forradas y de mayor calidad.
Además de tejer estrategias para abrigarse por menos dinero, hay quienes recurren a los talleres de corte y confección o desempolvan viejas máquinas de coser para armar conjuntos que combatan el frío invirtiendo sólo en las telas. Es un método que se usaba en las familias en época de crisis, como sucedió durante la hiperinflación de finales de los 80, donde era común que familias enteras se confeccionaran la ropa.
Verónica Sánchez, dueña de Vrukas y docente en el Taller de Cara, explicó que sus alumnos suelen asistir a las clases para cumplir una tarea pendiente o superar la dificultad de encontrar ropa de su talle. Sin embargo, también tiene estudiantes que aprenden la técnica de la costura para ahorrar en la compra de indumentaria.
"Se quejan sobre todo del precio de los pantalones y vienen para aprender a confeccionar los de jean, de gimnasia, de vestir o calzas", expresó, y aclaró que un pantalón de algodón para un adulto se puede confeccionar tras invertir unos 300 pesos en tela y otros materiales.
En Villa Regina (Río Negro), los viernes y sábados se concentra una gran cantidad de gente en los parques Eduardo Chiuchiarelli y Francisco La Rosa, en los terrenos que el Municipio parquizó y pertenecían a los ferrocarriles.
A lo largo de 400 metros, entre las calles Monseñor Esandi y Dorrego, muchas personas y familias completas llegan cada fin de semana para ocupar una parte del predio y allí mostrar lo que tienen a la venta. En su gran mayoría se trata de ropa y calzado, pero no faltan quienes venden plantas, verduras, artículos de regalería, algunos electrodomésticos, herramientas para el hogar y para el automóvil, fundas para celulares y cables. Incluso en algunas oportunidades se puede dar con algunos animales de granja como pollos y conejos.
"Yo comencé a venir cuando se inició la feria en 2001", relató Irma Rocha, una jubilada que todos los sábados junto a otras familias que también participan desde hace muchos años tienen un espacio ganado en el sector donde se inicia el paseo de la feria, en cercanías del teatro de la Cooperativa La Hormiga Circular.
"A veces la gente piensa que es el movimiento del pobrerío, pero no es así. Quienes vienen habitualmente pueden ver a personas que tienen dinero, que vienen con sus grandes camionetas, para poner cosas a la venta. Es una feria abierta para todos", aseveró la mujer.
Durante los meses de cosecha es muy habitual ver a los trabajadores que vienen desde otros puntos del país ir a este lugar para comprar ropa, muchas veces porque vienen con bolsos sin mucha indumentaria. "Cuando son días de cobro, se ve cómo crece el movimiento de gente, ves a los cosechadores que vienen, pasean, compran, porque se pueden encontrar buenas cosas a muy buenos precios. A veces, podés ver ropa que en comercios donde la venden nueva cuesta entre mil o dos mil pesos, y acá la comprás por 100 o 150 pesos”, señaló otro de los feriantes.
Juan Güento es otra de las personas que ocasionalmente concurre a esta feria para vender. "En nuestro caso venimos en algunas oportunidades para vender ropa, lo que nos permite juntar fondos para el grupo de Infancia y Adolescencia Misionera, y siempre se vende todo. Mucha ropa se vende a valores muy bajos, 5, 10 o 15 pesos; la gente compra, e incluso algunos otros puesteros vienen y nos compran cuando ya no tienen nada", comentó.
En General Pico y Eduardo Castex (La Pampa), se han organizado mediante Whatsapp y Facebook. Estefi Mendoza armó un grupo de Whatsapp sólo de trueques, en el que se puede cambiar cualquier tipo de objeto, con la única condición que no sea utilizado para hacer ventas.
El grupo se llama Trueques (no se vende), el cual comenzó a funcionar la semana pasada. Los integrantes saben que además de trocar ropa usada y calzado "también se puede hacer trueques de comida, alimentos, azúcar, yerba, fideos y leche en polvo", y hasta se usado para donar "ropa para un chiquito".
Por su parte, en la vecina Eduardo Castex, abrieron en Facebook el grupo Trueque Castex, que también se utiliza para trocar ropa usada pero no en exclusividad. "Comestibles, muebles, calzado, herramientas, y todo lo que a vos no te sirva y ocupe lugar, cámbialo por lo que necesites o a otro le sea de beneficio, siempre y cuando sea sin intercambio de dinero. Esto es sólo Trueque. Cambio por cambio", aclararon los administradores del sitio.
En Mar del Plata (Buenos Aires), ayer domingo tuvo lugar un trueque en la sociedad de fomento del barrio Fortunato de la Plaza. En los grandes tablones de madera, que fueron colocados a modo de feria en la sala del lugar, se pudo conseguir desde tortas, prepizzas y harina hasta ropa usada en buen estado y productos de limpieza. Nada tenía precio, toda transacción debía cerrarse entre las partes bajo una condición: sin utilizar dinero.
"Era algo necesario, basta verlo en los lugares donde se hacen ferias: los puesteros no venden, intercambian entre sí las cosas. Así que pensé qué mejor volver al trueque, algo que en muchas oportunidades ayudó a mucha gente a salir adelante", señaló Ariel Torres, trabajador social de zona sur, y uno de los principales impulsores de la actividad.
El próximo fin de semana volverán a estar en la sociedad de Azopardo, pero se expandirán hacia los barrios 2 de Abril, Félix U. Camet y San Martín. "La idea es ampliar la red de trueque", prometió el dirigente, que coopera en 24 comedores del sur de la ciudad que asisten a más de 2.000 chicos. Aprovechó para reclamar que hace "casi un año" que algunos establecimientos no reciben ayuda de Desarrollo Social, lo que generó que muchas personas comiencen a volcarse al intercambio de productos.
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