"El seguimiento voto a voto, que ya se evidenció en la discusión parlamentaria del 2018 por el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, comienza a tener un recorrido final en el Senado. De los cuatro legisladores que aún mantenían un silencio público sobre su postura frente al proyecto del Ejecutivo, dos se expresaron a favor.
Estamos hablando de las bancas que se abstuvieron en la votación del proyecto en 2018: uno es el senador Roberto Mirabella, que ocupa el lugar del actual gobernador de Santa Fe, Omar Perotti. El legislador había adelantado que no “iba abstenerse” en la votación tal como hiciera el ahora gobernador pero no confirmaba si su voto iría a los afirmativos o a los negativos. En una entrevista con Aire de Santa Fe, el senador confirmó que se terminará inclinando por un voto positivo al proyecto de legalización del aborto. “Tengo una posición tomada, es una cuestión de salud pública. Estoy a favor”, dijo. La otra de las abstenciones en aquella jornada de agosto de 2018 fue de la neuquina Lucila Crexell. La senadora del Movimiento Popular Neuquino, actual aliada de Juntos por el Cambio, dio señales a favor del proyecto en declaraciones radiales en su provincia. “Tengo una posición tomada respecto a la despenalización, estoy a favor hasta la semana 12. Hay una tendencia a la especulación, pero creo que esta vez hay una mayor inclinación a la aprobación del aborto en el Senado”, señaló. Para invertir las proyecciones a favor del rechazo del proyecto, el sector “verde” tenía que conseguir el apoyo de los indecisos. Con estas dos confirmaciones, sólo restan definiciones públicas de dos senadores, uno de ellos del oficialismo. Estamos hablando de los entrerrianos Edgardo Kueider (FDT) y Stella Maris Olalla (UCR). Ambos mantienen en vilo la definición. La paridad es tal que aún con todos los senadores definidos en su postura cualquier cambio de último momento podría torcer la votación. Algunos especulan incluso con la chance latente de un empate como en la discusión de la 125 y un posible desempate de la presidenta del Senado, Cristina Fernández de Kirchner".
Lo que fue presentado como una jugada maestra del Gobierno contra la oposición peronista en la provincia de Buenos Aires para favorecer las posibilidades electorales de María Eugenia Vidal se terminó convirtiendo en un dolor de cabeza para Cambiemos.
El decreto que firmó Mauricio Macri en abril pasado para eliminar las "listas colectoras" es un inesperado traspié que el macrismo ahora espera que la Justicia Electoral -quizás de una provincia norteña- derribe -o bien posponga para el 2021- para permitir que Vidal vaya en las boletas presidenciales de otros candidatos por fuera de Cambiemos. El decreto fue hecho a pedido de la gobernadora de Buenos Aires, para evitar que las distintas vertientes del peronismo presentaran un único candidato a gobernador. Para Vidal, eso hubiese jaqueado sus ya mermadas posibilidades de reelección y produciría una derrota clave de Cambiemos en el principal distrito del país.
"La proliferación de esta práctica genera confusión en el electorado e inequidad entre los competidores, y tiene por consecuencia la fragmentación del sistema político", afirma el decreto 259/19 elaborado en la Secretaría de Asuntos Institucionales, que encabeza el ex lilito Adrián Pérez.
"Ello conspira contra la emisión de un voto informado y afecta seriamente la calidad del proceso electoral como un mecanismo eficaz de rendición de cuentas y de elección entre alternativas de gobierno", advierte en otro tramo de los considerandos.
Finalmente, pontifica que "la eliminación de estas 'listas colectoras' tiene por objetivos contribuir a la transparencia del proceso electoral y promover el fortalecimiento y la cohesión de los partidos políticos".
Pero todo cambió con la proclamación de la precandidatura de Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta en la fórmula de Unidad Ciudadana junto a Alberto Fernández, y especialmente, con el informal anuncio de la candidatura de Axel Kicillof y Verónica Magario para la gobernación bonaerense.
A tal punto, que anoche, el jefe de Gabinete y principal estratega electoral de Cambiemos, Marcos Peña, ya comenzó a virar el discurso, y lo que antes era presentado como una contribución a la transparencia del proceso electoral, ahora es un esfuerzo más para obturar las chances de regreso del kirchnerismo al poder, la fijación fundante del oficialismo.
#RiesgoCambiemos Marcos Peña no descartó que Vidal vaya en la boleta de Macri, pero también en la de Urtubey, Massa y Lavagna: "Si hay otros candidatos presidenciales que quieren apoyar a nuestra gobernadora para que no vuelva el kirchnerismo... No me parece un atajo". pic.twitter.com/AOeCIWBiof
"Si hay otros candidatos presidenciales que quieren apoyar a nuestra gobernadora para que no vuelva el kirchnerismo a la provincia... No me parece un atajo, una alquimia electoral, una discusión que altere la previsibilidad", develó Peña en el canal La Nación+, confirmando el giro de 180 grados que Cambiemos ya está dispuesto a admitir para poder enfrentar más libremente, por un lado, la popularidad y fortaleza electoral de Cristina y Kicillof en territorio bonaerense y, por el otro, que en ese distrito no hay balotaje.
Sin embargo, en el Gobierno descartan que se dé marcha atrás con el decreto de Macri. "El tema está judicializado", indicó una alta fuente del Ministerio del Interior citada por el diario La Nación.
Según Clarín, la maniobra de Vidal ya habría sido autorizada por el propio Mauricio Macri, para así oficializar las conversaciones y negociaciones que con referentes de Alternativa Federal se vendrían produciendo desde hace tiempo -que, con alguno de sus precandidatos, incluiría también financiamiento oficial-.
"De todos modos, el aval a Vidal para negociar no contempla, al menos por ahora, al ex ministro de Economía Roberto Lavagna, uno cuya permanencia en la carrera electoral creen que complicaría más al presidente que a la dupla Alberto Fernández-Cristina. En Cambiemos apuntan para negociar al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; y al senador rionegrino, Miguel Ángel Pichetto; hoy los dos referentes peronistas que mantienen la promesa de que Alternativa Federal presentará candidato a presidente para romper con la polarización", asevera el periodista Ignacio Ortelli en su nota.
En verdad, el apuntado por esta maniobra de último momento es Sergio Massa, que esta semana definiría si sigue en Alternativa Federal, el espacio más afectado por la estrategia del kirchnerismo y el desinterés del gobernador cordobés Juan Schiaretti por retener a los gobernadores peronistas, o respeta lo decidido por las bases del Frete Renovador de ir a una congruencia con el kirchnerismo, no sólo en la provincia de Buenos Aires.
Macri, según La Nación, habló personalmente del tema con Schiaretti y Urtubey, y ambos le manifestaron su respaldo a la medida, mientras que Massa habría puesto como requisito que el macrismo baje a su candidato a intendente en Tigre, el actor Segundo Cernadas, e ir en ambas boletas con Malena Galmarini como postulante. Además, el renovador podría preferir robustecer su bancada de legisladores bonaerenses y detener la diáspora de dirigentes hacia el kirchnerismo.
El plazo para inscribir estas alianzas electorales, y terminar con parte de las especulaciones, vence dentro de 8 días.
El director de la editorial Penguin Random House, Juan Ignacio Boido, aseguró que llevan impresos más de 300.000 ejemplares de Sinceramente, el libro de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, un verdadero suceso literario que ha venido a revivir al marcado editorial argentino, en medio de la crisis que sufre el sector y el país en general. "Desde hace 15 días un país habla de un libro. Es un fenómeno sin precedentes", dijo Boido.
El periodista y escritor fue uno de los oradores de la presentación que se llevó a cabo anoche en la Feria del Libro de Buenos Aires ante una gran concurrencia. "Me sorprendió cuando la editorial me dijo que 30.000 sería un éxito", aseveró Cristina durante su discurso, en referencia al volumen de ventas de la actualidad. "Sinceramente, si querían acariciarme el alma, lo han hecho. Lo han logrado con creces", le confesó a su público. Boido nació en Buenos Aires, en 1975. Se graduó como licenciando en Letras en la Universidad de Buenos Aires. En 1997 inició su experiencia profesional trabajando para Editorial Atlántida y el diario Página/12, donde fue director de Radar, su revista cultural, durante diez años.
Desde 2012, colabora como Miembro del Consejo Asesor de la Red de Periodismo Cultural, de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano García Márquez, y ha publicado artículos, entrevistas, ensayos y relatos en revistas hispanoamericanas como Granta (España), Playboy (México), Página/30 (Argentina) y el libro de cuentos El último joven (Seix Barral).
Con respeto a su única obra, publicada en 2012, llegó a decir que "lo que más me ha gustado son los personajes tremendamente únicos y que a la vez están atravesados por la época, que son testigos y a la vez partícipes de la Historia".
Pareja de Soledad Barruti, autora de los libros Malcomidos y Mala leche, Boido fue nombrado director editorial en Penguin Random House Argentina en 2014, la filial local del conglomerado editorial perteneciente a la multinacional Bertelsmann AG.
"No podríamos haber elegido a un mejor profesional –consideró, en ese momento, Javier López Llovet, el director general PRH–. Juan ha tenido un desempeño brillante al frente del suplemento literario Radar. Desde esa función siguió de cerca el movimiento cultural argentino, conoció a numerosos autores nacionales y extranjeros, y se relacionó con influyentes figuras del ambiente literario y periodístico".
Anoche, en la Rural porteña, Boido festejó que "el libro ha vuelto a tomar un protagonismo inusitado y poco frecuente en la vida política y social argentina, en las conversaciones. Es algo que debe celebrarse. Agradezco a la autora la confianza que depositó en la editorial para poder llevar a cabo este fenómeno que no tiene precedentes en la demanda ni en la respuesta que ha tenido Sinceramente".
"La decisión política de bajar la lista del Frente Córdoba Ciudadana venía anunciada aunque no se había hecho de forma explícita.
Desde el mismo momento que se presentó la candidatura de Pablo Carro, no fue un dato menor que no se hubiese llamado Unidad Ciudadana Córdoba sino Frente Córdoba Ciudadana, que fue el nombre utilizado en la elección de 2017.
El cambio de nombre -que para muchos pasó desapercibido- dejaba entrever algún tipo de desacuerdo dentro del espacio.
Mucho tiempo antes, se había dado a conocer la reunión de Máximo Kirchner con José Manuel de la Sota y la de la diputada Gabriela Estévez con Natalia De la Sota por intermedio de la reconocida dirigente Haide Giri.
A esto vale agregar los dichos del legislador Martín Fresneda -ex secretario de Derechos Humanos de la Nación- hablando casi en abstracto de la unidad del peronismo sin ningún otro motivo aparente y luego, en vísperas de la presentación de la lista, asegurando que el espacio que decía conducir Pablo Carro no lo representaba. El kirchnerismo cordobés viene desarmándose desde 2015, con una fuga importante de dirigentes y, lo más grave, con muchísima disconformidad de militantes que apostaron y creyeron en el espacio pero se defraudaron por los manejos egoístas y sectarios de algunos de sus dirigentes.
Aquellos que encontraron en Pablo Carro a un dirigente nuevo surgieron como una base que se animó a ocupar un rol protagónico cuando todo parecía indicar que nuevamente Eduardo Accastello iba a encabezar la lista del kirchnerismo en las legislativas de 2017.
La diputada Gabriela Estévez no dudó en brindarle apoyo al dirigente de Villa María hasta que encontró demasiada resistencia en una elección que no determinaba su banca y que le facilitaba el armado de un espacio de carácter progresista y de centro izquierda mientras ella operaba hacia dentro del peronismo, como lo hizo saber en su momento Alejandra Vigo, esposa del gobernador Juan Schiaretti.
La decisión de dejar sin candidato al kirchnerismo en estas elecciones provinciales responde a una estrategia nacional que permitirá renovar la banca de Estévez y, con suerte, pensar en una segunda o hasta tercera banca donde podría quedar sellado el acuerdo que contendría a Fresneda, que no deja de ser un portavoz del Instituto Patria, y probablemente una eventual candidatura de Carmen Nebreda o algún otro referente de la mesa chica del espacio.
Los militantes -como siempre- quedan relegados de estas operaciones, en las que -en nombre de la verticalidad- dejan de lado la discusión política y en el medio se generan rupturas, desilusiones y fuga de cuadros medios y militantes que, en el mejor de los casos, encuentran nuevos espacios de militancia.
Pablo Carro, luego de esta decisión, queda expuesto a críticas; sin dudas, es el chivo expiatorio de una conducción desteñida del espacio que se dedica a operar desde los pasillos del Congreso y con algún teléfono amigo en el Instituto Patria mientras le hacen creer a la militancia decisiones estratégicas magistrales que en realidad son errores políticos que debe poner en orden Cristina, en el marco de una estrategia nacional que en Córdoba se descifra en clave de mandato indiscutible por errores tácticos que nos llevaron al lamentable 70/30 del 2015. El acuerdo por el que se lo baja a Carro también resuelve una tensión en Villa María, al dar lugar a Eduardo Accastello a legislador y allanar el camino a Martín Gill a la reelección en la intendencia.
El armado de centro izquierda de Hacemos Por Córdoba, que incluyó al socialismo, histórico aliado de Luis Juez, al partido Concertación Forja liderado por el diputado Juan Pereyra -histórico aliado del kirchnerismo- dejaron sin posibilidades el armado de Carro, que con esta decisión deja huérfanos a los militantes de Unidad Ciudadana que se presentan en las localidades con menos posibilidades aún, ya que en Córdoba se vota con boleta única. La destructiva conducción del kirchnerismo cordobés, encabezada por Gabriela Estévez y Carmen Nebreda, dio un golpe fatal a una base idealista e insurgente que venía a proponer una construcción alternativa en la figura de Carro.
Y en esto último no podemos adjudicar esta decisión a Cristina, sino exclusivamente al juego de ajedrez provincial, al que -desde hace años- una mesa chica de dirigentes egoístas prefieren mantenerse como pez grande en estanque chico y jugar con el esfuerzo, los sueños y la esperanza de la militancia para mantener un disfraz de nueva política con prácticas de la vieja.
Ahora resta trabajar por un triunfo contundente en Córdoba del peronismo y lograr los consensos necesarios para derrotar a Cambiemos en octubre.
En Córdoba, sin embargo, tendremos que buscar nuevamente aplacar las pasiones y generar espacios para escuchar, contener e invitar a construir una fuerza política con objetivos claros para lograr unidad de concepción en la estrategia y unidad de acción en la táctica. De nada sirve el voto en blanco, y el enojo no gana elecciones, habrá que saber ceder para tomar envión y construir esa Patria que todos soñamos, sólo que buscaremos la forma menos destructiva de lograrlo".