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lunes, 23 de diciembre de 2019

Mendoza: lo que hay detrás de darle vía libre al cianuro en la minería

"Dos advertencias: la primera, lo que sigue es una opinión. Conozco gente a la que las opiniones no le interesan: si te enrolás en esa preferencia, nada de lo que leas a continuación te va a importar.
La segunda: opino que lo que voy a decir es aplicable a cualquier hipótesis de actuación política o funcionamiento institucional, se trate de decisiones cuyo resultado final sea envenenar el agua, regalar panes dulces para Navidad, matar "legalmente" a la gente porque tiene “cara de ladrona”, colocar juegos para personas con discapacidad en una plaza, modificar la Constitución por decreto o cualquier ejecución que surja de la dinámica política de un municipio, de una provincia o de un país entero.
Nuestro sistema de gobierno es representativo, republicano y federal. Acá tenemos, ya, un problema: la representatividad perfecta no es posible. Quien representa a Dios, no representa al Diablo; y la vida social plantea y evidencia, precisamente, la convivencia de dioses y diablos.
A esta imposibilidad se suma otra cuestión, gravísima en nuestro país: la “grieta”, para los infames, importa un negocio; pero, para los justos, supone una toma de posición respecto del Bien y del Mal. Yo estoy de este lado y me autopercibo ubicado en la dinámica del Bien: lo mismo parece sucederle a la gente del otro lado, que está convencida, por ejemplo, de que los impuestos deben utilizarse para hacer más ricos a los ricos y de que ninguna norma o acción política debería imponerle al Estado destinar ese dinero al intento de que la gente en situación de marginalidad no muera. Las posiciones, así de antagónicas, son irreconciliables.
Por si fuera poco, la experiencia macrista ha demostrado con niveles pasmosos de realismo que muchos están dispuestos a ser dañados, a cambio de que aquellos que están en el polo opuesto pierdan toda gravitación respecto de cualquier ámbito, la existencia misma incluida.
En este tinglado, el electorado radical mendocino no tiene la menor idea acerca de lo que implica para la vida el despliegue de las corporaciones mineras en un territorio donde siempre, mayormente, se han plantado frutas y árboles de aceituna.
No es válido contradecir “yo soy parte del electorado radical mendocino y no voté esto” (es muy difícil hablar y que todos entiendan). Ser antiperonista significa, entre otros cientos de consecuencias, aceptar el sometimiento a las decisiones de las grandes alianzas empresariales. Las redes sociales explotan de pequeñas filmaciones que muestran a sujetos anónimos del antiperonismo viendo de buen grado ser despedidos de sus trabajos, con tal de que no “vuelva” el peronismo. Por estos días, con la “cuestión de la minería”, el apego a esa idea primaria (“la vida por Macri”, “la vida por León Trotsky” y así siguiendo) supone morirse por la contaminación o la desaparición del agua. La recompensa, para ellos, constituye un principio mórbido-existencial: con tu propia muerte, el peronismo deja de existir.
Entonces, el antiperonismo votó en Mendoza. El candidato antiperonista más votado fue Rodolfo Suárez, un inútil (aunque cruel a niveles de oligofrenia) en quienes enormes masas de patologizados por convicción o por ignorancia vieron la evitación del peronismo, a cualquier costo. De nada valió, a esos electores fuertemente irradiados por el aura tóxica de los medios pagados, explicar que Suárez iba a actuar de forma infinitamente peor que su antecesor Alfredo Cornejo, que es nada más que un perverso cuyo límite es la conveniencia. “Rody” Suárez, quizás un niño mimado por la tradición feudal, quizás un cagatintas de dos horas al día y vino regalado, es en verdad un monosabio digitable de fuste, que no cuenta con elementos de estructura psíquica que le permitan prever consecuencias complejas, ni con barreras frenopáticas idóneas para detener o impedir el daño al Otro. Para aquellos a quienes les gusta la literatura, es el señor de Ubú: un déspota al borde de la normalidad que hace lo que mal puede; y lo que mal puede es tiranizar con brutalidad.
Yo no sé cuál es la mayoría con que ese can matemático cuenta, después de las elecciones del 29 de septiembre, en la Legislatura provincial. ¿60 %? ¿Seis de cada diez? Pues no hay (no hay) posibilidad de realizar una oposición efectiva. Realmente no hay chance de que un proyecto de ley que provenga del oficialismo no salga finalmente como ley. No la hay.
Esto, además, implica que el electorado ha asumido un riesgo (o no sabe que lo ha asumido), que es, como gallina, haberle abierto el gallinero a los lobos. A fuerza de verdad, los radicales neoliberales van a hacer lo que quieran, por la contundencia de su aceptación en las urnas. La misión de la oposición, hoy, es tratar de atenuar (ni siquiera de evitar) los efectos nocivos de las decisiones que indefectiblemente tomarán los perversos.
La oposición hará lo que pueda. Y en este tema de la minería pudo, a través de la acción política en abarrotante inferioridad numérica, esto: crear una Comisión Bicameral de ambiente, crear una Policía Ambiental, crear una empresa minera provincial (con representación de la oposición en el directorio) y obligar a que un porcentaje de las regalías se destine a un fondo que financiará la gestión del recurso hídrico. Todo lo demás fue voracidad neoliberal, acciones de suicidio social legitimadas por un electorado enfermo, para el cual habría estado igualmente “bien” la ley sin esos agregados consensuados con (y propuestos por) el peronismo.
¿Qué debemos virtuosamente hacer nosotros desde acá; nosotros, como militantes? De momento, nada. Bancársela, seguir militando y dejar trabajar a nuestros representantes, sometidos siempre al juicio de las bases que allí los han colocado. Quizás no calladamente: las discusiones, hoy, son más saludables que el agua que el radicalismo va a contaminar.
Y apuntar el debate hacia donde tiene que ir: la necesidad de una profunda reeducación hacia fuera que a la vez implique, dentro del espacio que comulgamos, dar al fervor por lo simbólico el lugar que debe tener y dejar de que sea la única herramienta de militancia. No mover del lugar una bandera que no deja ver al orador o hacer pogo con la marcha quizás pueda ser interpretado como un “no pasarán” de ovarios y testículos; pero el cuerpo tiene también otros órganos. Si el cerebro deja de funcionar, ni los ovarios ni los testículos sirven para ninguna cosa.
Empezar a leer (aun los militantes letrados). Formarse y formar cuadros para que ese proceso de reeducación permita dirigir a una población que cada vez esté más cerca de la salud moral y que hoy sufre –por propia voluntad- un proceso de ignorancia pasional que la ha llevado a enfermarse de la manera más conveniente al poder perverso. Estudiar para erradicar conductas de aceptación de la propia explotación y aun del propio exterminio, como propicia a voces la mayoría actual. El electorado mendocino, igual que el nacional hace cuatro años, ha enfermado; en el sentido de que ha elegido su propia destrucción, en contra del elemental principio de conservación que debería regirla. Ese electorado debe empezar a cambiar; y ese cambio debe consistir, necesariamente, en la adopción de una virtud política, social y aun de una virtud personal; todo lo cual requiere “salir a la calle”, sí; pero principalmente ilustración y vocación por la elaboración crítica informada.
El problema conduce a una filosofía de la acción política. No sólo porque implica repensarnos; sino, además, porque frente al escenario descripto y a los hechos consumados, lo único que cabe es el análisis racional. ¿Qué debió haber hecho el peronismo mendocino? ¿Dejar que la ley “saliera” tal como querían los perversos? ¿Blandir los símbolos del partido y hacer pogo con la marcha, mientras el radicalismo neoliberal sonríe y espera que la efusión termine, para luego obtener su propósito de negociados y desprecio por el pueblo? ¿O más bien tomar las armas de la política y atender –y enfrentar- las implicancias de una correlación de fuerzas sumamente avasallante, para diluir siquiera mínimamente la garantía un despotismo traído y validado por una mayoría enferma?
“La orden bajó de Alberto y de Cristina”. Pues bien, no había otra orden posible. Si el peronismo mendocino se retiraba del debate o aun si demostraba su palmaria impotencia argumentando inútilmente a lo Dantón frente a la abrumadora mayoría de inmorales de que se compone la Legislatura, decretaba su muerte política. Si ignoramos esto, seremos nosotros los asesinos del único espacio que asegura un estado permanente de lucha por la libertad económica, la soberanía política y, sobre todo, la justicia social.
La ley es una basura de la que sólo se beneficiarán los grandes capitales. Condena a generar un pasivo ambiental que abarcará más de la mitad del territorio provincial. En medio de un desierto, asegura que habrá menos agua que la que pocamente hay: gran parte se contaminará en forma irreversible para siempre; pero, además, la megaminería (minería masiva) producirá cambios climáticos que harán decaer, año a año, la producción de nieve en la alta montaña. Y es esa nieve, precisamente, la que provee el agua que sirve a las ciudades, porque los ríos de Mendoza son ríos de desierto montañés.
Para peor: ni siquiera los argentinos gozaremos los productos de la extracción minera. Como siempre, serán empresas extranjeras las que, en mayor injerencia respecto del total de la producción, tomen la materia prima y se la lleven a otro lado, a cambio de unas regalías que serán monedas y que se utilizarán para acentuar la tiranía. Eso sí: “habrá trabajo” para unas cuantas personas, que también antepondrán su ignorancia y su tozudez de criterio a la urgente necesidad de no destruir lo que mínimamente necesitamos para… vivir.
Tengo muchas sensaciones muy encontradas; pero sí tengo algo claro: el gran culpable de esta masacre ambiental es el electorado mendocino, fiel y cabalmente representado en las mayorías de la Legislatura local. Así como personalmente ha elegido su propia decadencia, colectivamente ha optado, con toda libertad, por su propia destrucción.
No puedo decir otra cosa".
Fuente
Más:
"Nunca Más a la defensa de las corporaciones contaminantes"

viernes, 5 de abril de 2019

Macri defendió las fumigaciones de escuelas con agrotóxicos #BastaEsBasta

El presidente Mauricio Macri se pronunció a favor de las fumigaciones con agrotóxicos cerca de centros habitados, a pesar de un fallo de la Justicia entrerriana que prohíbe estas prácticas nocivas a una distancia de menos de mil metros terrestres y tres mil metros aéreos respecto de escuelas rurales y fuentes de agua.
Lo hizo en una conferencia de prensa que brindó en la Sociedad Rural de Gualeguaychú -junto al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, y el precandidato a gobernador por Cambiemos, Atilio Benedetti-, lugar al que llegó en el marco de su campaña electoral con vistas a las presidenciales de octubre.
"Esta ley que se ha impulsado en Entre Ríos es una ley que pone en peligro el trabajo de muchos entrerrianos. Y hoy está vigente por un amparo", se quejó Macri, opositor a una resolución de la Justicia que apunta a garantizar la seguridad sanitaria de los entrerrianos.
"El gobierno de la provincia tiene que tener una posición muy activa y clara para no destruir empleo por una ley absurda que no se basa en ningún rigor científico", reclamó el presidente, que de esa forma repitió el discurso que bajan multinacionales y entidades del agro: la salud de todos merece sacrificarse para la ganancia económica de unos pocos.
El año pasado, quedó firme el amparo ambiental colectivo presentado por la ONG Foro Ecologista de Paraná y la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER), exigiendo al gobierno entrerriano y al Consejo Provincial de Educación adoptar medidas que preserven a las escuelas del efecto de los agotóxicos e implementar, en un plazo de dos años, "barreras vegetales a una distancia de 150 metros de todas las escuelas rurales de la provincia".
El gobernador Gustavo Bordet, cercano a Macri, emitió en enero un decreto que permitía fumigar a 100 metros de una escuela pero a fines de marzo un fallo judicial hizo lugar a una medida de amparo y declaró inconstitucional ese decreto, por lo que el gobierno provincial apeló la medida.
El periodista Patricio Eleisegui, especialista en el tema, recopiló algunos datos para rebatir la posición presidencial: "En la Argentina se pulveriza, promedio, 7,6 litros de plaguicidas por habitante. Somos el país con mayor consumo de glifosato en el planeta, en términos de cantidad de población. Estados Unidos promedia 0,42 litros del herbicida por habitante, Argentina, 4,3 litros por persona.
Según la Universidad de La Plata (UNLP) y el CONICET, las lluvias de Argentina presentan concentraciones elevadas de herbicidas como el glifosato y la atrazina. La carga máxima cuantificada de agrotóxicos en las precipitaciones locales es 20 veces superior a la registrada en Estados Unidos, meca de los plaguicidas.
En apenas 10 años, en la provincia de Chaco, la cantidad de escuelas destinadas a la atención de niños que habitan zonas fumigadas y sufren inconvenientes cognitivos, además de otros tipos de retrasos, pasó de 12 a 70 establecimientos.
9 de cada 10 hisopos, toallas femeninas y tampones contienen residuos de glifosato. En tanto, la totalidad de las gasas y los algodones que hoy llegan a los botiquines de los hogares se encuentra contaminada con el herbicida, según científicos del EMISA de la Universidad de La Plata.
En San Salvador, Entre Ríos, los tumores malignos provocan el 40% de las muertes. Estudios de dos universidades nacionales confirmaron presencia de glifosato e insecticidas en el aire, el suelo y el agua de toda la ciudad.
8 de cada 10 peces monitoreados en aguas del norte de la provincia de Buenos Aires dieron positivo en contaminación con agrotóxicos. Análisis de INTA y CONICET certificaron la presencia de 17 pesticidas diferentes en los teji­dos analizados y se llegó a ubicar 5 plaguicidas en un mismo ejemplar.
6 de cada 10 frutas y verduras adquiridas en verdulerías de Buenos Aires y evaluadas por científicos de la UNLP dieron positivo en al menos un plaguicida. Incluso se constató presencia de hasta 3 agrotóxicos en un mismo artículo. Zanahoria, naranjas y lechuga, los más contaminados.
Toda la cuenca del Paraná está contaminada con herbicidas como el glifosato y formulaciones de insecticidas. Cipermetrina, endosulfan y clorpirifos encabezan con amplitud los indicadores de contaminación, según un estudio de la UNLP y CONICET con asistencia de Prefectura Nacional.
En Monte Maíz (Córdoba), 1 de cada 3 vecinos falle­ce de cáncer. Abortos espontáneos que superan 3 veces prevalencia esperada: 10% versus 3% de media nacional. Malformaciones congénitas: 72% superiores a tasa nacional. La ciudad alberga 20 galpones con máquinas para fumigar".
En enero de 2018, una maestra de la escuela Nº 58 Bartolito Mitre denunció a un productor en Entre Ríos al que acusó de haber hecho una fumigación que afectó a la escuela en la que trabaja y a viviendas de la zona. "Yo trabajo en la escuela y no puedo mirar para otro lado", dijo la docente.
En abril de 2018, el Concejo Deliberante de Gualeguaychú prohibió la aplicación, el expendio, el transporte, el almacenamiento, la comercialización y la venta de glifosato en el municipio, a instancias de un proyecto de ordenanza impulsado por el Ejecutivo local que incluye a todos los productos que "contengan" el fitosanitario y que no admite "ninguna excepción".
Más:
Extractos del libro "Envenenados, una bomba química nos extermina en silencio"