La segunda: opino que lo que voy a decir es aplicable a cualquier hipótesis de actuación política o funcionamiento institucional, se trate de decisiones cuyo resultado final sea envenenar el agua, regalar panes dulces para Navidad, matar "legalmente" a la gente porque tiene “cara de ladrona”, colocar juegos para personas con discapacidad en una plaza, modificar la Constitución por decreto o cualquier ejecución que surja de la dinámica política de un municipio, de una provincia o de un país entero.
Nuestro sistema de gobierno es representativo, republicano y federal. Acá tenemos, ya, un problema: la representatividad perfecta no es posible. Quien representa a Dios, no representa al Diablo; y la vida social plantea y evidencia, precisamente, la convivencia de dioses y diablos.
A esta imposibilidad se suma otra cuestión, gravísima en nuestro país: la “grieta”, para los infames, importa un negocio; pero, para los justos, supone una toma de posición respecto del Bien y del Mal. Yo estoy de este lado y me autopercibo ubicado en la dinámica del Bien: lo mismo parece sucederle a la gente del otro lado, que está convencida, por ejemplo, de que los impuestos deben utilizarse para hacer más ricos a los ricos y de que ninguna norma o acción política debería imponerle al Estado destinar ese dinero al intento de que la gente en situación de marginalidad no muera. Las posiciones, así de antagónicas, son irreconciliables.
Por si fuera poco, la experiencia macrista ha demostrado con niveles pasmosos de realismo que muchos están dispuestos a ser dañados, a cambio de que aquellos que están en el polo opuesto pierdan toda gravitación respecto de cualquier ámbito, la existencia misma incluida.#NoALaMegaminería #Mendoza— ANRed #25Años (@Red__Accion) 22 de diciembre de 2019
Continúa la caravana en defensa del agua y la vida en Mendoza.
La columna pasa por Tunuyán dónde se suman miles de personas a repudiar la modificación de la Ley 7722 que permite el uso de cianuro y otros elementos en la explotación megaminera. pic.twitter.com/9XE3M1EOAx
En este tinglado, el electorado radical mendocino no tiene la menor idea acerca de lo que implica para la vida el despliegue de las corporaciones mineras en un territorio donde siempre, mayormente, se han plantado frutas y árboles de aceituna.
No es válido contradecir “yo soy parte del electorado radical mendocino y no voté esto” (es muy difícil hablar y que todos entiendan). Ser antiperonista significa, entre otros cientos de consecuencias, aceptar el sometimiento a las decisiones de las grandes alianzas empresariales. Las redes sociales explotan de pequeñas filmaciones que muestran a sujetos anónimos del antiperonismo viendo de buen grado ser despedidos de sus trabajos, con tal de que no “vuelva” el peronismo. Por estos días, con la “cuestión de la minería”, el apego a esa idea primaria (“la vida por Macri”, “la vida por León Trotsky” y así siguiendo) supone morirse por la contaminación o la desaparición del agua. La recompensa, para ellos, constituye un principio mórbido-existencial: con tu propia muerte, el peronismo deja de existir.
Entonces, el antiperonismo votó en Mendoza. El candidato antiperonista más votado fue Rodolfo Suárez, un inútil (aunque cruel a niveles de oligofrenia) en quienes enormes masas de patologizados por convicción o por ignorancia vieron la evitación del peronismo, a cualquier costo. De nada valió, a esos electores fuertemente irradiados por el aura tóxica de los medios pagados, explicar que Suárez iba a actuar de forma infinitamente peor que su antecesor Alfredo Cornejo, que es nada más que un perverso cuyo límite es la conveniencia. “Rody” Suárez, quizás un niño mimado por la tradición feudal, quizás un cagatintas de dos horas al día y vino regalado, es en verdad un monosabio digitable de fuste, que no cuenta con elementos de estructura psíquica que le permitan prever consecuencias complejas, ni con barreras frenopáticas idóneas para detener o impedir el daño al Otro. Para aquellos a quienes les gusta la literatura, es el señor de Ubú: un déspota al borde de la normalidad que hace lo que mal puede; y lo que mal puede es tiranizar con brutalidad.
Yo no sé cuál es la mayoría con que ese can matemático cuenta, después de las elecciones del 29 de septiembre, en la Legislatura provincial. ¿60 %? ¿Seis de cada diez? Pues no hay (no hay) posibilidad de realizar una oposición efectiva. Realmente no hay chance de que un proyecto de ley que provenga del oficialismo no salga finalmente como ley. No la hay.
Esto, además, implica que el electorado ha asumido un riesgo (o no sabe que lo ha asumido), que es, como gallina, haberle abierto el gallinero a los lobos. A fuerza de verdad, los radicales neoliberales van a hacer lo que quieran, por la contundencia de su aceptación en las urnas. La misión de la oposición, hoy, es tratar de atenuar (ni siquiera de evitar) los efectos nocivos de las decisiones que indefectiblemente tomarán los perversos.
La oposición hará lo que pueda. Y en este tema de la minería pudo, a través de la acción política en abarrotante inferioridad numérica, esto: crear una Comisión Bicameral de ambiente, crear una Policía Ambiental, crear una empresa minera provincial (con representación de la oposición en el directorio) y obligar a que un porcentaje de las regalías se destine a un fondo que financiará la gestión del recurso hídrico. Todo lo demás fue voracidad neoliberal, acciones de suicidio social legitimadas por un electorado enfermo, para el cual habría estado igualmente “bien” la ley sin esos agregados consensuados con (y propuestos por) el peronismo.
¿Qué debemos virtuosamente hacer nosotros desde acá; nosotros, como militantes? De momento, nada. Bancársela, seguir militando y dejar trabajar a nuestros representantes, sometidos siempre al juicio de las bases que allí los han colocado. Quizás no calladamente: las discusiones, hoy, son más saludables que el agua que el radicalismo va a contaminar.
Y apuntar el debate hacia donde tiene que ir: la necesidad de una profunda reeducación hacia fuera que a la vez implique, dentro del espacio que comulgamos, dar al fervor por lo simbólico el lugar que debe tener y dejar de que sea la única herramienta de militancia. No mover del lugar una bandera que no deja ver al orador o hacer pogo con la marcha quizás pueda ser interpretado como un “no pasarán” de ovarios y testículos; pero el cuerpo tiene también otros órganos. Si el cerebro deja de funcionar, ni los ovarios ni los testículos sirven para ninguna cosa.#Mendoza— Huerquen Comunicación (@HuerquenCenC) 22 de diciembre de 2019
Impresionante la cantidad de gente que se está movilizando en defensa del #agua y contra la modificación de la #Ley7722 @alferdez @rodysuarez tomen nota, la gente no quiere mal-desarrollo! pic.twitter.com/PqbX1MPbpl
Empezar a leer (aun los militantes letrados). Formarse y formar cuadros para que ese proceso de reeducación permita dirigir a una población que cada vez esté más cerca de la salud moral y que hoy sufre –por propia voluntad- un proceso de ignorancia pasional que la ha llevado a enfermarse de la manera más conveniente al poder perverso. Estudiar para erradicar conductas de aceptación de la propia explotación y aun del propio exterminio, como propicia a voces la mayoría actual. El electorado mendocino, igual que el nacional hace cuatro años, ha enfermado; en el sentido de que ha elegido su propia destrucción, en contra del elemental principio de conservación que debería regirla. Ese electorado debe empezar a cambiar; y ese cambio debe consistir, necesariamente, en la adopción de una virtud política, social y aun de una virtud personal; todo lo cual requiere “salir a la calle”, sí; pero principalmente ilustración y vocación por la elaboración crítica informada.
El problema conduce a una filosofía de la acción política. No sólo porque implica repensarnos; sino, además, porque frente al escenario descripto y a los hechos consumados, lo único que cabe es el análisis racional. ¿Qué debió haber hecho el peronismo mendocino? ¿Dejar que la ley “saliera” tal como querían los perversos? ¿Blandir los símbolos del partido y hacer pogo con la marcha, mientras el radicalismo neoliberal sonríe y espera que la efusión termine, para luego obtener su propósito de negociados y desprecio por el pueblo? ¿O más bien tomar las armas de la política y atender –y enfrentar- las implicancias de una correlación de fuerzas sumamente avasallante, para diluir siquiera mínimamente la garantía un despotismo traído y validado por una mayoría enferma?
— Cin 💚 💦💦 (@cin_alfaro) 21 de diciembre de 2019“La orden bajó de Alberto y de Cristina”. Pues bien, no había otra orden posible. Si el peronismo mendocino se retiraba del debate o aun si demostraba su palmaria impotencia argumentando inútilmente a lo Dantón frente a la abrumadora mayoría de inmorales de que se compone la Legislatura, decretaba su muerte política. Si ignoramos esto, seremos nosotros los asesinos del único espacio que asegura un estado permanente de lucha por la libertad económica, la soberanía política y, sobre todo, la justicia social.
La ley es una basura de la que sólo se beneficiarán los grandes capitales. Condena a generar un pasivo ambiental que abarcará más de la mitad del territorio provincial. En medio de un desierto, asegura que habrá menos agua que la que pocamente hay: gran parte se contaminará en forma irreversible para siempre; pero, además, la megaminería (minería masiva) producirá cambios climáticos que harán decaer, año a año, la producción de nieve en la alta montaña. Y es esa nieve, precisamente, la que provee el agua que sirve a las ciudades, porque los ríos de Mendoza son ríos de desierto montañés.
Para peor: ni siquiera los argentinos gozaremos los productos de la extracción minera. Como siempre, serán empresas extranjeras las que, en mayor injerencia respecto del total de la producción, tomen la materia prima y se la lleven a otro lado, a cambio de unas regalías que serán monedas y que se utilizarán para acentuar la tiranía. Eso sí: “habrá trabajo” para unas cuantas personas, que también antepondrán su ignorancia y su tozudez de criterio a la urgente necesidad de no destruir lo que mínimamente necesitamos para… vivir.
Tengo muchas sensaciones muy encontradas; pero sí tengo algo claro: el gran culpable de esta masacre ambiental es el electorado mendocino, fiel y cabalmente representado en las mayorías de la Legislatura local. Así como personalmente ha elegido su propia decadencia, colectivamente ha optado, con toda libertad, por su propia destrucción.
No puedo decir otra cosa".
Fuente
Más:
"Nunca Más a la defensa de las corporaciones contaminantes"




