martes, 12 de julio de 2016

¿La Argentina es una prueba de una dirigencia de los errores?

"Estamos aprendiendo", repiten los integrantes de Cambiemos, afirmados en la máxima del #RelatoPRO de que mostrarse falibles ya los diferencia de la soberbia y el autoritarismo del kirchnerismo que no admitía ninguna falla.
¿Y si en verdad esa afirmación no sentencia más de lo que literalmente expresan sus palabras?
¿Y si Cambiemos, en verdad, le está diciendo a la sociedad que el que accedió al poder es un grupo de dirigentes que no poseen las capacidades técnicas y políticas para hacerse cargo de un país, un ministerio, una secretaría, un registro civil?
Sería injusto preguntarnos si el país ahora está siendo comandado por gente no preparada y circunscribir ese verdadero drama institucional a la esfera del Estado nacional.
Se han presentado casos en otros campos.
Tomemos la actualidad de la AFA, signada por papelones dirigenciales casi diarios, refugiándose en sketchs televisivos regidos por operadores empresariales disfrazados de periodistas que casi le dan la mejor selección de fútbol del mundo (según el ranking de la FIFA) a un personajes gracioso más propio del show de un gabinete televisivo ególatra antes que sinónimo de los talentos suficientes para timonear semejante desafío.
Y aquí podríamos agregar este elemento: una extrema banalización de la gestión en pos del show televisivo y las ansias de aparecer en los medios y ser rey de las redes sociales, que varios postulan como referencia a la hora de la toma de decisiones importantes, que deberían estar motorizados y guiados por pautas mucho más serias y menos espectaculares.
Otro ejemplo: la semana pasada, en Animales Sueltos, Eduardo Feinmann contó que el conductor del ciclo había sido medido en una encuesta para la gobernación de Santa Fe. Y que los resultados mostraban a un Fantino peleando el primer puesto de las preferencias de los santafecinos junto al senador justicialista Omar Perotti, por arriba de Miguel del Sel.
Cierto sector del gobierno nacional prefiere verse como una transición al verdadero desarrollo que vendrá, prometen, cuando le permitan subir las cargas a la gente común y bajárselas a los más poderosos, complementando esa transferencia de ganancias con endeudamiento externo para todo.
Quizás cuando dicen "transición" se están refiriendo a un test, un experimento, no sólo mediante el mecanismo de la prueba y el error, no sólo haciendo apología de la sinceridad y del hombre común que sabe poco sobre lo que hace, sino principalmente a través de la intención de que la sociedad en su conjunto acepte que serán ineficientes en pos de la verdad, el costo de dejar atrás el Plan Bomba del corrupto kirchnerismo.
Tantos errores dan cuenta de una dirigencia de escasa pericia (y podríamos seguir dando ejemplos de otros campos de la actividad general de un país), más pendiente de las operaciones mediáticas y los escándalos televisados en vivo antes que cumplir con la palabra de que la técnica iba a venir a reemplazar la sucia política.
Promesa que tenía pocas posibilidades de concretarse desde su misma esencia falaz. Ahora se suma que ni un Aranguren (ex CEO de Shell) sabe sacar bien las cuentas de un aumento que de a poco se convierte en una grieta a la hora de seguir con los bolsos de López.
En definitiva, observamos un acelerado consumo del principal insumo exculpatorio del gobierno nacional, que de apoco empieza a quedar desnudo ante sus impotencias, como la persona que lo atendió al presidente Macri en uno de sus tantos timbreadas: en musculosa, pantalón corto y ojotas. Sólo le faltó la angustia.
"El mejor equipo en 50 años", al final, no era una elite aristocrática. Se está mostrando poco preparada y enraizada en sus falacias e impostaciones (otro ejemplo: las desinteligencias a la hora de organizar los desfiles del Bicentenario para evitar que se cole un Aldo Rico o un Falcon verde y su posterior mar de enredos de declaraciones y desmentidas).
Que no se entienda esto como una censura al acceso de nadie a una función dirigencial. Tampoco un llamamiento a la dictadura de lo técnico-instrumental (ya nos fue y nos está yendo demasiado mal para no habernos dado cuenta). Menos, un cheque en blanco a los rostros conocidos de buen carisma. Sí, a los preparados, no sólo en capacidades técnicas, sino principalmente verdaderamente empoderados y conscientes del momento y lugar histórico que ocupan.
"Hombres comunes con grandes responsabilidades", dijo alguien alguna vez. Sin lugar para las transiciones y las improvisaciones. Más:
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