miércoles, 17 de agosto de 2022

Bebés muertos en el Neonatal: el modelo del silencio y la construcción oficial de la agenda informativa en Córdoba

"El caso de los bebés muertos en el Hospital Neonatal de la provincia de Córdoba no sólo es una tragedia a la cual la Justicia deberá buscarle las explicaciones correspondientes. Es también la marca más profunda de un modelo de acceso a la información ideado desde hace más de dos décadas por una continuidad provincial del mismo signo político, con sólo dos gobernadores –José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti-, con la misma concepción de transparencia oficial de baja intensidad.

Como bien recuerdan por estos días periodistas de diversos medios –algunos y algunas lo hacen desde hace tiempo-, se trata de un gobierno cuyos máximos representantes por regla general no dan ni dieron nunca entrevistas, y cuando lo hicieron fue según sus reglas, sus sentidos de la oportunidad y/o sus inclinaciones ideológicas y/o simpatías por los entrevistadores de ocasión.

Lo mismo sucede con casi todo el resto de los funcionarios: la validación de lo que se dice y de quién lo dice está centralizada en una persona o equipo que reparte las fichas.

Naturalizamos que un docente no quiera hablar en “on” con la prensa por miedo a las reprimendas de sus inspectores, o que funcionarios de segunda o tercera línea esperen autorización celestial para poder divulgar datos oficiales.

Se trata de un gobierno que creó una superestructura de comunicación para ocupar la mayor cantidad posible de espacios y difundir hasta la obra de pintura de un cordón -en todas las plataformas-, y hacerlo con el nombre y la imagen de los principales funcionarios.

Salvo, claro, cuando se trata de comunicaciones oficiales “complicadas”, como un aumento de impuestos; allí desaparece de las gacetillas el nombre de los funcionarios y es reemplazado por “la Provincia”, con suerte, cuando no se opta por desaparecer al sujeto enunciante y acudir a la generación espontánea como responsable de decisiones antipáticas.

El caso de los bebés muertos en el Neonatal es un ejemplo.

Es aun más grave ya que, más allá de que estos hechos se hayan minimizado o evaluado de manera errónea, de la misma forma se intentó minimizarlos u ocultarlos la mayor cantidad de tiempo posible. Obstaculizando un derecho básico de la ciudadanía y cometiendo un error básico de la comunicación política, que indica transparentar rápidamente lo que será de inminente difusión pública.

Con el devenir de la crisis de la prensa tradicional, sumada a nuestras múltiples crisis económicas, los medios se hicieron cada vez más dependientes de la pauta oficial para su subsistencia.

Por eso no es ilógico que el gobierno provincial haya actuado como actuó en este caso: creó un hábito de años en materia de manejo de la agenda informativa. Logró que los medios no sólo publiquen los avisos institucionales, sino la enorme red de contenidos creados por la mencionada superestructura comunicacional, que inunda mails y whatsapp de los periodistas con promesas y hazañas oficiales -siempre bien personalizadas- de funcionarios; contenido que es difundido por los medios casi en tiempo real, con profusión de despliegue y de decorados.

El Gobierno logró también que las quejas y los reclamos por cada información incómoda sean recibidos con condescendencia por parte de los medios. Logró que la publicación o no de algunos temas críticos se vuelva ultra dependiente de la información oficial para validarla. Como con las muertes de los bebés del Neonatal.

Por eso este caso también es un llamado a revisar nuestras prácticas periodísticas. Naturalizamos esa forma de abordar las noticias y los criterios de publicación.

Los primeros días hubo muchos comunicadores arrogándose la primicia de la muerte de los bebés. ¿Qué hubiera pasado si, en lugar de usar la energía para el “yo lo dije primero”, se hubiesen juntado las piezas y las pistas que durante semanas o meses muchos periodistas de diversos medios dijeron poseer? ¿Valía más una primicia individual que un trabajo colaborativo para investigar un hecho tan grave, donde estaban en juego vidas y muertes? Es una buena oportunidad para pensarlo.

Al mismo tiempo, ¿no será oportunidad de replantearnos la importancia que les damos a las fuentes oficiales como validadoras exclusivas de una información? Siempre hablamos de volver a las fuentes y de buscar otras voces. Pero alguien, si tenía datos, ¿habló con las madres afectadas antes de que estallara todo?

¿Vamos a fondo cuando tenemos un tema que sabemos será crítico para el Gobierno, o lo evadimos pensando que alguien nos dirá que no avancemos? ¿Hasta dónde llega nuestra autocensura?

¿Analizamos a los gobiernos municipal y provincial con la misma lupa con la que miramos al gobierno nacional? ¿Cuánto habría para decir si lo hiciéramos?

Lo sucedido con el manejo oficial de las muertes en el Neonatal es nada más que la continuidad de una forma de concebir lo público -en este caso, la información- como si fuera posesión de una gestión, y no un patrimonio ciudadano. Es una manera de construir el relato, de intentar silenciar las incomodidades y de reaccionar cuando hacerlo es la única salida posible".

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