jueves, 5 de diciembre de 2019

Crónica desde una Bolivia sin Estado de Derecho

"Estoy escribiendo estas palabras saliendo de La Paz este domingo primero de diciembre. Son las 20 horas y luego de pasar una jornada maravillosa y plagada de emociones y hermandad en la casa de las Bartolinas. Pasan las luces de La Paz frente a mis ojos y, en un claro, descubro la forma de un corazón y me largo a llorar, mañana estaré en mi país, a salvo, pero mis compañerxs y hermanxs se quedan aquí. Perseguidos después de haber visto el horror, con el pecho oprimido de impotencia, protegiendo a sus hijxs, para resguardarlos de tanta injusticia.
No me fui junto a la comitiva argentina que vino también a recoger testimonios de las violaciones a los derechos humanos cometidos durante las últimas semanas en Bolivia. Ellos se fueron también envueltos en persecución y hostigamiento.
Mi llegada a Bolivia se retrasó porque, viendo lo que ocurría con los compañerxs llegados de Argentina, preferí cuidarme. Esperé en La Quiaca, pasé luego por Villazón con un nudo en el estómago, por las dificultades que me presentaban en la Aduana. Mientras esperaba el bus para La Paz, conversé con las dos mujeres que me vendieron un guiso caliente. Me comentan que no lo quieren a Camacho, que junto con Mesa son los culpables de “semejante masacre”, que con Evo “había tranquilidad”, que “siempre tenían para vivir” y que desde que tomaron el poder con ayuda de los militares, “las personas no gastan”. Entre ellas se cargaban por algo que no les gustaba y se decían “vos sos una Camacho”. Callaban cuando se acercaba alguien y luego seguían con la charla, cuando se alejaba la gente. “Acá mucho no se habla”, para no provocar, “cada cual piensa diferente y para qué vamos a pelear si tenemos que vender”, explicaban.
Yendo al baño, escucho por los parlantes de la estación los nombres de los candidatos “Camacho”, “Mesa”, “Añez”, alguien comenta “Si ya largaron la campaña y no avisaron a nadie, cómo vamos saber sin el Evo a quién tendremos que votar”.
Al subir al micro, quien está al lado mío se sorprende de que viaje sola, “sin su marido, tenga cuidado, porque muchos se van a querer aprovechar de una mujer sola”. No tiene sentido que le explique que en realidad estoy con mi familia y mis compañerxs que me ayudan a distancia, facilitándome las cosas a cada paso, porque si bien estoy “sola”, todo trabajo es colectivo.
Además del paisaje hermoso, en cada parada se veían las pintadas en favor de Evo Morales de la última campaña electoral: “Evo sigamos adelante”. Tras quince horas llegamos a Oruro, donde sube alguien que, pese a ser noche cerrada, insistía en hablar: “Yo estube en la masacre de Senkata, por aquí en este árbol estaba la gente del MAS repartiendo armas, aquí se subían a disparar a quienes estaban movilizados, entre ellos mismos se mataban”. Mi vecina me aconseja que ni lo escuche, mientras el hombre decía bien fuerte, para que pueda oírlo, “estos argentinos no saben nada, quieren hacer lío acá, cuando las personas de bien sabemos cómo fueron las cosas, no nos van a confundir”".
Continúa aquí
Más:
Más de 100 expertos internacionales descartan fraude electoral en Bolivia y critican a la OEA

0 comentarios:

Publicar un comentario