jueves, 7 de junio de 2018

Jugadores de Argentina desbarataron maniobra de propaganda de Netanyahu

La selección argentina, con el mayor símbolo del fútbol planetario a la cabeza, no viajará a Medio Oriente para jugar en Jerusalén un partido de despedida contra la selección de Israel como última presentación deportiva antes de la Copa del Mundo Rusia 2018.
Desde que se conoció la noticia, muchos pretendieron reducir el hecho (de impacto global) a frases efectistas como que "los que mataron en la Amia festejan" o que Argentina no debería jugar en Rusia por las políticas de Putin, o no jugar contra Nigeria por Boko Haram.
Pero pocos se interesaron en desentramar y explicar cómo este curioso episodio que nació como un interesantísimo acontecimiento deportivo pasó de las crónicas futbolísticas a encabezar las secciones de política internacional de medios en todo el mundo.
En enero de 2017, el parlamento de Israel aprobó una ley facultando al primer ministro Benjamin Netanyahu a buscar financiamiento privado por 100 millones de Shekels (unos US$ 26 millones) para costear las celebraciones del aniversario número 70 de la creación del Estado de Israel. Parlamentarios opositores discreparon con la medida, entendiendo que, en aras de una mayor transparencia, lo mejor era que todos los actos y celebraciones los pague el propio Estado con fondos públicos.
Contexto: Benjamin Netanyahu está siendo investigado por actos de corrupción por presuntos negocios con inversores privados a cambio de favores. De allí la desconfianza de la oposición.
Pero cuando hablamos de "celebraciones por el 70 aniversario" la referencia no es únicamente a desfiles, actos populares, espectáculos festivos o sellos conmemorativos. Para la maquinaria propagandística del Likud, debía ser una acción diplomática y cultural global. Legitimar a Jerusalén como "la capital eterna e indivisible de Israel" fue el objetivo central de todas las acciones del gobierno de Netanyahu, a través de la ministra de Cultura y Deportes, la ultraderechista Miri Regev.
En mayo de 2018, dieron el primer golpe de chequera: el histórico y centenario Giro D´Italia apuesta cada vez más al marketing fuera de sus fronteras para globalizar su espectáculo ciclístico de tres semanas. El impacto televisivo del evento generado por RCS sedujo a Miri Regev y decidió llevarlo a Israel. El negocio se cerró con 10 millones de euros y el enojo de los equipos por duplicar la logística  (con un costo sideral) para correr 3 días en el Medio Oriente y luego volar a Italia.
Regev le recordó a la empresa que la denominación no era la adecuada y el Giro D´Italia debía presentarse "desde Jerusalén, en Israel". Depositados los 10 millones, RCS cambió toda su cartelería y su arsenal promocional sin chistar.
El ciclista británico Chris Froome, que hoy es el Messi del ciclismo, puso el grito en el cielo hasta que le ofrecieron 2 millones de euros como cachet para estar presente en la cita deportiva. Esa etapa la vieron 175 millones de personas en directo. Un éxito para Regev.
Y la música también... "¡La próxima en Jerusalén!", exclamó eufórica Netta Barzilai, la joven representante de Israel que ganó el último festival de Eurovisión. También transmitido en directo a millones de televidentes de varios continentes. Es misma noche, Netanyahu pronunció las mismas palabras que Netta: "La próxima en Jerusalén", y en semanas se hizo oficial. Eurovisión 2019 se transmitirá al mundo desde Jerusalén, en otra victoria de las maquinaria montada por Netanyahu, Regev y "patrocinadores privados".
Convencer a Claudio "Chiqui" Tapia de llevar a la selección argentina a jugar un amistoso ante la selección de Israel antes de su viaje a Moscú no fue difícil y hasta fue mucho más barato que montar otros eventos menos masivos y de menor impacto. Entre US$ 2,5 y 2,7 millones (no hay una coincidencia entre las fuentes) fue el cachet acordado.
Sin embargo, pocas semanas antes del evento, Miri Regev le comunicó a la AFA un par de cambios, apenas "unos detalles" en la programación del espectáculo. En lugar de jugarse en el Samy Ofer de la hermosa Haifa, el partido cambió su sede al estadio Teddy Kollek de Jerusalén y, además, según Miri Regev, el acuerdo incluía una visita de los jugadores, con Messi a la cabeza, al Muro de los Lamentos.
Messi ya visitó el Muro, en 2013. Lo hizo con enorme respeto en una visita profundamente espiritual. Se sacó fotos, lo mostró medio planeta y si bien antes también hubo camisetas manchadas con pintura roja, no hubo después camisetas o pelotas manchadas con sangre.
Chiqui Tapia, haciendo alarde de una profunda ignorancia de las sensibilidades en juego, de la coyuntura inflamable y de la veneración de la que es objeto Messi por parte de millones de niños, jóvenes y adultos sin distinción de banderas, credos, razas ni ideologías, dijo "todo bien". El resto de la historia está en las crónicas periodísticas.
En conclusión: el partido no se juega porque los jugadores argentinos pusieron el sentido común y los valores del fútbol y el deporte por sobre el dinero y la manipulación política.
La politización corre por cuenta de Netanyahu y Regev y su maquinaria de propaganda. Si Argentina e Israel hubiesen jugado en Haifa, seguramente miles de israelíes, árabes, judíos, musulmanes, cristianos, ateos, hubiesen podido sacar su entrada para ver a la Argentina de Messi en Israel. Nosotros por televisión y todos felices y contentos de ver fútbol.
La obstinación política de maximizar el precepto de "Jerusalén, capital de Israel" (hasta hoy sólo aceptado y reconocido por Estados Unidos, Guatemala y Paraguay), sumada a la operación propagandística palestina (menos costosa, más efectiva e igual de lamentable) tiraron todo abajo.
Quien mejor resume el papelón que ocurrió es la corresponsal diplomática del diario israelí Haaretz, Noa Landau : "Miri Regev contribuyó al mayor logro que los palestinos han tenido a nivel internacional durante años. Aplausos".
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