sábado, 4 de marzo de 2017

Los rompehuelgas voluntarios: el carnicero carnero

"El docente voluntario encarna un nuevo episodio en la tradición histórica de esquirol, carnero, rompehuelgas. Figuras siempre mal vistas, desprestigiadas, aun cuando hayan gozado de efectividad operativa en la causa que llevaron adelante. Un rompehuelga es alguien consciente de su mala fe, del daño que propicia. Hace su tarea en silencio, y evita la postulación explícita de su innoble tarea.
Pero hay otra dimensión para pensar a la figura del carnero PRO. ¿En qué aspectos de la educación contemporánea muerde este esquirol? Educación ubicua, homeschooling, y aprendizaje entre pares, son algunos tópicos en la discusión educativa que introducen la posibilidad de que el aprendizaje sea un proceso corrido de la institución escolar para irradiar en otros múltiples escenarios. Algo así como que podemos aprender en más lugares que en la escuela, con otras personas que no son los docentes; por ejemplo, adolescentes que comparten saberes y modos de hacer en las redes sociales o una madre que asume la tarea de escolarizar a sus hijos en el hogar. Un formato pedagógico conocido por la aristocracia de comienzos del siglo XX, con la presencia de tutores hogareños que evitaban el contacto entre los niños bien y la plebe. O una reedición del gesto de la más rancia aristocracia: convocar a una suerte de sociedad de beneficencia, integrada por almas de buena voluntad dispuestas a la ayuda y salvación de los que menos tienen.
¿De dónde viene el resentimiento hacia los docentes cuando reclaman por sus salarios? ¿Qué imaginarios de la práctica docente tendrán estos voluntarios? Tal vez crean que ser maestro es abrir la puerta de la escuela o custodiar la presencia de los chicos en el aula. O sólo compartir algunos de sus saberes. Parafraseando a Graebber, una vez más, es como si los voluntarios con su gesto onegeista les estuvieran diciendo a los docentes “¡Pero si tienen la suerte de enseñar, encima quieren cobrar y hacerlo en buenas condiciones!”".
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"El carnero, el rompehuelga, personifica al desclasado, al que traiciona a su colectivo por algo que supone su propio beneficio. El gobierno de Cambiemos quiere convertir a esta figura execrable en un héroe social, un ejemplo a seguir, porque aspira instalar ese comportamiento entre los sectores que están sufriendo el ajuste de tarifas y salarios. Hay una semilla recalcitrante en el espíritu de sus votantes y busca operar sobre ella, alimentarla, hacerla crecer para hacerse fuerte desde esa visión reaccionaria de una comunidad fragmentada y subordinada al poder económico.
La representación más clara de este rumbo se visualizó cuando se conocieron las órdenes de desalojo para el Hotel Bauen y para una fábrica de acoplados para camiones que habían sido recuperados por sus trabajadores luego que sus dueños los abandonaran en la crisis de principios de milenio. Los establecimientos recuperados por los trabajadores tienen un valor simbólico opuesto a la meritocracia de Cambiemos para quien el mayor mérito es tener mucho dinero. Las fábricas recuperadas suponen capacidades, derechos y fenómenos de movilidad social que el sistema de Cambiemos no quiere reconocer ni permitir".
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