jueves, 2 de febrero de 2017

Desde adentro: otro testimonio sobre el día que Cristina quiso renunciar

""Me recibió. Yo sabía que estaba apurada. 'No te voy a ocupar mucho tiempo pero te voy a decir algo: ni se te ocurra, te necesitamos. Estás haciendo las cosas bien, no vas a estar sola, vas a estar con nosotros y te van a acompañar los 30 mil desaparecidos'. "Me dijo 'gracias, Estela'. Y no se fue. Creo que nunca lo conté, es la primera vez", escuché a Estela de Carlotto narrar.
Quede así: ¡¡¡puffff!!! Porque participé de ese horroroso y tremendo jueves 17 de julio de 2008.
Se lo conté en varias oportunidades a algunos amigos y compañeros, en ocasión, las más de las veces, por mi desprecio hacia (actual) senador portador de apellido, apodado El bebé de Rosemary.
Y ahora, Estela, con su testimonio, me permite contar cómo lo viví yo, o cómo se vivió desde adentro.
Soy Marcela Prat. Trabajaba en la Secretaría de Gestión Pública, coordinando un área de Capacitación, con cargo jerárquico. Mis superiores eran el director del INAP (Instituto Nacional de la Administración Pública) y el secretario (actual senador portador de apellido).
Estaba en mi oficina y el clima era raro; demasiado. Me llaman a una oficina y me dicen casi textual: "Mirá, Negra, la cosa está muy dura. Cristina está viajando a Chaco y al regreso piensa renunciar".
Así. Sin anestesia. Quedé medio muda y casi sumida en llanto.
Prosiguen: "Llamó Parrilli y pidió que le escribiéramos cartas que él se las va a dar en el vuelo a Chaco. Llamá a los compañeros, a los que quieras; tenés media hora".
Salí de ahí dura. Pero a veces, la inmovilización moviliza. Era un turbo. Agarré el teléfono y empecé a llamar a los amigos. "No pregunten nada, no hay tiempo, escriban esto y esto y esto y me lo mandan por mail". Mientras, escribía mi carta que aún tengo guardada.
Iban llegando mails y los imprimía. No fueron muchos. Tal vez 10. El tiempo corría. Los entrego y regreso a mi oficina a hacer nada. Paralizada.
Veo imágenes de Cristina saliendo de Casa Rosada junto a Parrilli y mi director entregándole la carpeta que contenía las cartas.
Voy a la cocina a servirme un café. Lo revuelvo mil veces, en soledad. Tenía un nudo en la garganta de la putísima madre.
Bajo por las escaleras a comprarme puchos y veo en el piso del secretario (senador portador de apellido) demasiado movimiento. Sigo, compro los puchos y vuelvo a mi despacho por las escaleras.
Y ahí veo. Estaban vaciando las oficinas. Ya sabían. Como yo y muchos otros. Y ellos estaban vaciando sus oficinas. Limpiándolas como ratas. Me agarró un ataque de locura o quizás ver eso hizo que me descargara. Empecé a los gritos. Imaginen lo que no dije. Mientras, secretario, jefe de Gabinete, asesores y secretarias limpiaban y empacaban su despacho.
Vinieron a buscarme mis compañeros porque creo que mis gritos se escucharon hasta en el Obelisco. Me llevaron a mi despacho y lo puteé en todos los idiomas posibles. Lloré de una forma desgarrada.
No sabíamos qué hacer. Esperábamos. Pusimos la tele. Escuchamos el discurso de Cristina en Chaco (estaba previsto uno; dio dos) y entre los compañeros decíamos: "Sí, renuncia. Dio dos discursos, es la despedida; y llorábamos". "No, no renuncia, el discurso fue duro. Va a seguir". Y así elucubrábamos.
Nos quedamos hasta que Cristina regresó por la noche. Esperando el llamado que dijera: "Seguimos". 
Y ese llamado llegó.
Vivía en Almagro (Buenos Aires). Estaba separándome. Fui de mi laburo frente a la catedral a mi casa caminando, casi autista. Sin poder entender qué había pasado.
Llegué a casa. No tenía con quién compartir la experiencia de ese día. Me abrí una birra.
Los compañeros que preguntaban por qué les había pedido las cartas.
Esto sucedió horas después del no positivo de Cobos.
Jamás en la vida voy a olvidar lo que viví ese día.
Jamás en la vida voy a olvidar a la rata escapándose. 
La rata continuó en el gobierno y siguió subiendo de rango. Siempre dije que había muchos que no me gustaban pero confiaba en Néstor y Cristina, y ellos sabían por qué tenían que ocupar esos lugares. Fue mi postura y la seguirá siendo siempre en tanto y en cuanto forme parte de espacios donde existan conducciones.
Así es como recuerdo ese día. Y mientras escribo estas líneas, lo revivo".
Fuente
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1 comentarios:

Eduardo José Villarroel Loredo dijo...

Gracias por compartir ese duro momento, me imagino a Cristina y a Néstor, desgarrados y sorprendidos.
De lo que tenemos que estar seguros, es que tanto Néstor y Cristina son del pueblo, y de ahí
no se puede salir, no se puede salir!!!!

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