jueves, 1 de diciembre de 2016

Žižek despide a Fidel

"Soy crítico de Cuba, no porque sea anticomunista, sino porque soy comunista.
Todos recordamos la escena clásica de las caricaturas: un gato camina sobre el precipicio y mágicamente continúa flotando en el aire; cae sólo cuando mira hacia abajo y se da cuenta de que no tiene tierra debajo de sus pies. De la misma manera, se puede decir que, en las últimas décadas, el "socialismo" cubano siguió viviendo sólo porque aún no se daba cuenta de que ya estaba muerto.
Es claro que Fidel Castro era diferente de la figura habitual de un líder comunista, y que la revolución cubana en sí era algo único. La dualidad entre Fidel y el Che Guevara es su especificidad: Fidel, el Líder real, autoridad suprema del Estado, contra el Che, eterno rebelde revolucionario que no podía resignarse a dirigir un Estado. ¿No es algo así como una Unión Soviética en un pasado alternativo en el que León Trotsky no ha sido rechazado como el archi-traidor? Imaginemos que, a mediados de la década de 1920, Trotsky tuviera que emigrar y renunciar a la ciudadanía soviética para incitar a la revolución permanente en todo el mundo y luego morir en las tierras altas de Papúa Nueva Guinea. Después de su muerte, Stalin habría convertido a Trotsky en un culto, y los monumentos para celebrar su amistad, junto con las camisetas icónicas, proliferarían alrededor de la URSS.
Uno se cansa de las historias contradictorias del fracaso económico y los abusos de los derechos humanos en Cuba, así como de la pareja educación y salud que siempre es cabalgada por los amigos de la revolución. Uno se cansa incluso de la gran historia de cómo un pequeño país puede resistir a la superpotencia más grande (sí, con la ayuda de la otra superpotencia).
Lo más triste de la Cuba de hoy es un rasgo claramente representado por las novelas policíacas del icono literario cubano Leonardo Padura, que presentan al detective Mario Conde y están centradas en La Habana actual. La atmósfera de Padura no es tanto de pobreza y opresión como oportunidades perdidas, de vivir en una parte del mundo en gran medida superada por los tremendos cambios económicos y sociales de las últimas décadas.
Todas las historias antes mencionadas no cambian el triste hecho de que la revolución cubana no produjo un modelo social relevante para el eventual futuro comunista. Visité Cuba hace una década, y en esa visita encontré gente que me mostró orgullosamente casas en decadencia como prueba de su fidelidad al "Evento" revolucionario: "Mira, todo se desmorona, vivimos en la pobreza, pero estamos dispuestos a soportarlo antes que traicionar a la Revolución ". Cuando las renuncias mismas son experimentadas como prueba de autenticidad, obtenemos lo que en psicoanálisis se llama la lógica de la castración. Toda la identidad político-ideológica cubana descansa en la fidelidad a la castración, ¡no es de extrañar que el Líder se llame Fidel Castro!
La verdadera tragedia es que la autenticidad de la revolución cubana hizo posible que el gobierno de los hermanos Castro se arrastrara sin fin y sin sentido, privado de los últimos vestigios de un potencial emancipador. La imagen de Cuba que uno recibe de alguien como Pedro Juan Gutiérrez (en su "trilogía sucia de La Habana") es reveladora. La realidad cotidiana cubana es la verdad del Sublime revolucionario: la vida de la lucha por la supervivencia, de la evasión en el sexo violento promiscuo, de aprovechar el día sin ningún proyecto orientado al futuro.
En su gran discurso público en agosto de 2009, Raúl Castro fustigó a los que sólo gritan "¡Muerte al imperialismo de Estados Unidos! ¡Viva la revolución!" en lugar de dedicarse a una tarea difícil y paciente. Toda la culpa de la miseria cubana (una tierra fértil que, sin embargo, importa el 80 por ciento de su alimento) no puede ser puesta en el embargo de Estados Unidos: hay gente ociosa por un lado, tierra vacía en el otro lado, y sólo hay que empezar a trabajar los campos.
Obviamente esto es cierto, pero Raúl Castro se olvidaba de incluirse a él mismo en el cuadro que describía: si la gente no trabaja en los campos, obviamente no es porque sean perezosos, sino porque el sistema económico no es capaz de convencerla de trabajar. En lugar de reprender a la gente común, debería haber aplicado el antiguo lema estalinista según el cual el móvil del progreso en el socialismo es la autocrítica y ejercer una crítica radical del sistema que él y Fidel personifican. Aquí, otra vez, el mal está en la mirada muy crítica que percibe el mal alrededor.
¿Y los izquierdistas occidentales pro-Castro que desprecian lo que los propios cubanos llaman "gusanos ", esos cubanos que emigraron para encontrar una vida mejor? Con toda simpatía por la revolución cubana, ¿qué derecho tiene un izquierdista occidental de clase media típico, como demasiados lectores de este medio, a despreciar a un cubano que decidió dejar Cuba no sólo por desencanto político, sino también por la pobreza? En el mismo sentido, recuerdo desde principios de los noventa docenas de izquierdistas occidentales que con orgullo me lanzaron a la cara cómo, para ellos, todavía existe Yugoslavia (como imaginaba Tito) y me reprocharon haber traicionado la posibilidad única de mantener Yugoslavia.
A esa acusación respondí: "No estoy todavía preparado para dirigir mi vida para que no defraude los sueños de los izquierdistas occidentales". Gilles Deleuze escribió en alguna parte: "Si estás atrapado en el sueño del otro, estás arruinado". El pueblo cubano pagó el precio por verse atrapado en el sueño de los izquierdistas occidentales.
Las aberturas graduales de la economía cubana hacia un mercado capitalista son compromisos que no resuelven el punto muerto, sino que arrastran la inercia predominante. Debido a la caída inminente del chavismo en Venezuela, Cuba tiene tres opciones: seguir vegetando en una mezcla de régimen de partido comunista y concesiones pragmáticas al mercado; abrazar plenamente el modelo chino (capitalismo salvaje y gobierno del partido); simplemente abandonar el socialismo y, de esta manera, admitir la derrota total de la Revolución.
Sea lo que sea, lo más triste es que, bajo la bandera de la democratización, todos los pequeños pero importantes logros de la Revolución, desde la sanidad hasta la educación, se deshacen, y los cubanos que se escaparon a los Estados Unidos impondrán una violenta re-privatización. Hay una pequeña esperanza de que este plan alternativo extremo sea impedido y se negocie un compromiso razonable.
¿Cuál es el resultado general de la revolución cubana? Lo que me viene a la mente es la experiencia de Arthur Miller en el Malecón, donde dos tipos estaban sentados en un banco cerca de él, obviamente pobre y con necesidad de afeitarse, y participando de una viva discusión. Un taxi se acerca a la vereda frente a ellos y una joven encantadora sale con dos bolsas de papel marrón llenas de comestibles. Hacía malabares para sacar el monedero y un tulipán se movía peligrosamente cerca de romperse su tallo. Uno de los hombres se levanta y toma una de las bolsas para estabilizarla, mientras el otro se le une para estabilizar la otra bolsa, y Miller se preguntó si estaban a punto de tomar las bolsas y correr. Nada de eso sucedió; en cambio, uno de ellos suavemente sostuvo el tallo del tulipán entre el índice y el pulgar hasta que pudo tener las bolsas seguras en sus brazos. Ella agradeció con cierta dignidad formal y se marchó. Comentario de Miller:
No estoy muy seguro de por qué, pero me pareció una transacción notable. No era sólo la galantería de estos hombres empobrecidos lo que era impresionante, sino que la mujer parecía considerarlo su deber y para nada extraordinario. Huelga decir, ella no ofreció propina, ni tampoco parecía esperar ninguna, más allá de su riqueza.
Habiendo protestado durante años el encarcelamiento y el silenciamiento de escritores y disidentes por parte del gobierno, me pregunté si a pesar de todo, incluyendo el fracaso económico del sistema, se había creado una corriente alentadora de solidaridad humana, posiblemente por la relativa simetría de la pobreza y la futilidad uniforme inherente al sistema del que pocos podían levantar la cabeza a menos que escaparan navegando (Arthur Miller, "Una visita con Castro", The Nation, 24 de diciembre de 2003).
En este, el nivel más elemental, nuestro futuro será decidido. La realidad es que el capitalismo global no puede generar esa "corriente alentadora de solidaridad humana", para usar la frase de Miller. Así que para concluir con el espíritu del mortuis nihil nisi bonum (nada que no es bueno se debe decir de los muertos), esta escena en Malecón es quizás la cosa más bonita que puedo recordar acerca de Castro.
Fuente

2 comentarios:

donchango dijo...

Zizek es un chanta, si llega a hablar a favor de los cubanos los patroncitos le pegan un voleo en el orto.

juancho dijo...

A la revolución eslovena le fué bárbaro.

Saludos...

juan

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