miércoles, 21 de diciembre de 2016

No culpes a Rozitchner

"La filosofía calló hace tiempo. Se recluyó en jergas, en recintos académicos. Cedió terreno frente a las disciplinas psi. Fundó sectas y poéticas. En tanto vértebra de occidente, hoy aspira a la elocuencia sólo cuando cruje. Perdió su talla en la sifosis erudita, en la escoliosis autista del investigador puro, en la lordosis del conferencista. El número de congresos, revistas y jornadas no ha parado de crecer y especializarse, pero la institucionalización la despolitizó. No porque digamos “partido”, “Estado”, “hegemonía” o “revolución” estamos resistiendo.
El discurso filosófico perdió poder disruptivo al ser cooptado por estos dispositivos. Se adoctrinó en dos o tres géneros literarios que parecen suplir toda la demanda de ideas y conceptos. No produjo nuevas imágenes de sí mismo. Y ahí, en ese silencio, en ese espacio abandonado, le dimos permiso a la radioactividad para que iniciara la metástasis.
¿Somos más?
Los que deben hablar, callan. Rigoreados por los policías de moda, que se presentan como maestros de la rosca. Genios de la praxis institucional, especuladores del capital simbólico que erigimos como autoridades sobre lo que hay que pensar, decir y hacer.
¿Somos más?
El enemigo se toma la libertad de decir que el pensamiento crítico hizo daño. Así de envalentonado está. Está viniendo contra nosotros por todos los frentes. Y afortunadamente los cuerpos se organizan, se dan cita, resisten golpes, marchan, cantan, levantan banderas.
Pero, ¿somos más?
En el cálculo de fuerzas, nuestro panorama es negrísimo. Se han apropiado incluso de la figura del filósofo. Aunque esos esperpentos, lo sabemos muy bien, de filósofos sólo tienen el apellido paterno. Sus recursos son mínimos, torpes, viles. Dijeron “alegría” y muchos acusaron un efecto inmediato.
¿De verdad podemos creer que somos más?
Ya no se trata de ganar una elección, aunque no hay que renunciar ni ceder un metro. Se trata de mantenernos en las trincheras que nos quedan pero incinerando desde la imprevisibilidad los campos que nos fueron arrebatados. Afectar desde otros géneros. Por cada tesis, un protréptico. Por cada monografía, un manifiesto. Por cada congreso, un racimo de molotovs gritando cómo hay que vivir. En los triunfos se verá la razón. En esa proliferación deben primar el rigor intelectual y la plasticidad del lenguaje.
De esa manera, quizás, podamos decir “cada vez somos más”".
Licenciado en Filosofía (Universidad Nacional de Río Cuarto)
Más:
Rozitchner's Querido Mauricio

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