sábado, 3 de diciembre de 2016

Medios oficialistas instalan nueva campaña antiargentina por caso Milagro Sala

En un insólito paso de los que por estos meses -por apoyar ciegamente al gobierno de Cambiemos- se juegan su credibilidad antes sus audiencias, los exhortos de organismos internacionales para que se libere de forma inmediata a la dirigente social Milagro Sala son presentados como jugadas kirchneristas impulsoras de una campaña en contra del país.
Como si organismos como la ONU (Organización de las Naciones Unidas), OEA (Organización de los Estados Americanos), CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), Amnistía Internacional y otros fueran manejadas por el kirchnerismo en detrimento no sólo del gobierno de Mauricio Macri sino de los intereses de Argentina.
Lo más curioso que esos mismos medios -y funcionarios macristas- luego presentan al kirchnerismo muerto, exhausto, reducido a una secta fanática, marginada de la centralidad política y sin posibilidades electorales de envergadura. "No vuelven más", (se) dicen.
Todo comenzó a mediados de noviembre, con la visita del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, que ante un requisitoria periodística en conferencia de prensa con Macri, habló de la situación de Sala, luego de que Amnistía Internacional le enviara una carta pidiéndole su intermediación.
La reacción del gobierno y medios afines fue asegurar que iba a invitar a la Argentina una misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA y al Grupo de Trabajo de la ONU -que ya se había pronunciado a fines de octubre- para que evalúen in situ la situación de detención de Sala.
Nada de eso sucedió formalmente, lo que llevó a la cancillería argentina, el 24 de noviembre, a elevar el tono ante las críticas de violación de derechos humanos elementales y asegurar que "liberar a Milagro Sala implicaría un claro peligro".
De esta forma, el gobierno de Cambiemos daba un paso en su riesgoso camino de desconocer pactos y acuerdos de derecho internacional que ha firmado el país y que se ha comprometido a cumplir ante órdenes como las emanadas desde la ONU y la OEA estas semanas.
Macri pensó que -como en varios otros temas- los reclamos iban a poder ser controlados por su sistema de propaganda -tanto oficial como privado-, hasta que, el martes, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, envió una carta a la referente de la Tupac Amaru en donde reclamó su "inmediata liberación" y manifestó la misma "preocupación expresada, entre otros, por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y reconocidas organizaciones de la sociedad civil a nivel internacional".
Al otro día, en su edición de papel, el diario oficialista La Nación consideró que la palabra de Almagro formaba parte de "un nuevo capítulo de la embestida internacional contra la Argentina por la detención en Jujuy de Milagro Sala".
El jueves, la canciller Susana Malcorra -que viene de traspié en traspié en temas de su incumbencia como la elección en Estados Unidos, el acuerdo con Malvinas, su fallida campaña para presidir la ONU y ahora las protestas internacionales por la situación de Sala- se comunicó con Almagro para expresar la "molestia" del Gobierno ante la carta de apoyo a la jujeña.
Pero la furia del oficialismo con el titular de la OEA no se detuvo ahí. El interbloque de senadores de Cambiemos emitió un comunicado en el que lamentó que el uruguayo "utilice su alto cargo para invisibilizar el verdadero motivo por el cual la justicia de Jujuy investiga a Milagro Sala por hechos de corrupción".
A la vez, los senadores macristas destacaron que Almagro "debiera ahorrarse" los comentarios públicos para exigir la liberación de Sala "sin mediar resolución [de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos] que cause instancia acerca de la presunta violación de sus derechos humanos fundamentales".
Como para seguir agrandando el escándalo, la mesa nacional de la UCR emitió un comunicado en abierto respaldo al archienemigo de Sala, el gobernador jujeño Gerardo Morales, y con críticas a Almagro: "En su argumentación sesgada, Almagro sostiene que la dirigente de la Tupac Amaru, detenida e investigada por malversación de fondos, asociación ilícita, fraude y extorsión, tiene un «reconocido trabajo por los desposeídos»".
Estos pronunciamientos irritados apostaban por que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no siguiera el camino de la ONU y la OEA.
Sin embargo, ayer la CIDH urgió al Estado argentino a "dar pronta respuesta a la decisión del Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Detención Arbitraria que califica la detención preventiva de Sala como arbitraria llamando a su liberación inmediata".
La Comisión tiene un vínculo histórico con la Argentina, ya que su visita  de 1979 contribuyó a visibilizar y legitimó en el plano internacional las denuncias sobre los crímenes de la última dictadura cívico-militar.
Un año antes, en 1978, la dictadura junto a sus medios afines -en algunos casos, los mismos que hoy- había lanzado la denuncia de que había una campaña antiargentina que llevaba a que países y organismo del mundo denunciaran la violación de los derechos humanos.
El sinsentido oficialista de estos días llevó a utilizar a una ignota diputada moralista -habitué de los gritos en Intratables- y que hace semanas atrás fue el hazme reír de las redes sociales cuando se quejó de que Milagro Sala tuviera su mansión cerca de la de ella, en Jujuy- y a un consultor oficialista que acusó a los organismos internacionales de ser manejados por el "lobby de abogados K".
Ayer, en radio Mitre, Jorge Lanata y Magdalena Ruiz Guiñazú acusaron a dichos estamentos mundiales de caer en una "actitud frívola" al exigir la inmediata liberación de Milagro Sala, en apoyo a la posición adolescente del gobierno argentino, que aumenta un incomprensible papelón nacional.
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