viernes, 12 de agosto de 2016

UNA-Cambiemos: lo pérfido de una nueva dirigencia

¿Es legítimo pensar que operaciones de distracción son en verdad para esconder falta de idoneidad antes que para que no se sepa una medida que va a afectar a millones de personas?
¿Se está conformando en Argentina una dirigencia política -"el Cambio"- que ha llegado al escenario soñado de un pragmatismo desprejuiciado y desalmado, que permite despedir a más de 100 mil trabajadores de todo el país haciendo uso del giro discursivo de "la herencia recibida"?
Los gobiernos que enarbolan la mágica justificación son de los más diversos pelajes políticos, lo que nos puede llevar a sospechar que se está instituyendo una práctica política que pone por delante los fríos números porque ya pudieron instalar la idea de que el país vivía en una fiesta, una fantasía, una irresponsabilidad.
Así, cualquier militante genuino de las mejores causas progresistas puede convertirse rápidamente en un defensor a ultranza de despidos masivos de trabajadores haciendo uso de los argumentos del partido al que combatió hasta hace pocos meses atrás.
No estamos hablando de simplemente la hipocresía o el acomodo a una situación de confort, ambas maniobras presentes a lo largo de la Historia. No; hablamos de una nueva dirigencia que se esconde detrás de lo cuantitativo de una crisis mayormente por ella misma escenificada -independientemente de que la misma tenga correlato en la realidad o no- y desiste del esfuerzo de encontrar nuevas soluciones y seguir evitando las decisiones drásticas que coartan la vida de miles de familias.
Desmantelados los partidos políticos como estructuras de discusión y producción de doctrina, plataforma y plan de gobierno, estos nuevos dirigentes -no sólo políticos o gubernamentales- prefieren la fácil: cortar por lo sano. Aprovecharse de que en mucha gente hay ansias de sufrimiento -si es del otro, mejor-, avanzar con medidas de recorte, y desentenderse de cualquier tipo de esfuerzo por llegar a la gratificación del ingenio, ya no de la consagración simplemente administrativa. Menos, el reconocimiento de la ciudadanía.
A la vez, esta nueva dirigencia sigue gestionando las viejas prácticas de disputas mezquinas entre facciones: una, que se hace del poder; la otra, derrotada, lucha por sobrevivir. Una, amenaza con dar a conocer lo peor de la otra. La otra, timorata, es desplazada por expresiones hambrientas de romper con el histórico bipartidsmo cordobés.
La radiografía escueta no sólo responde al panorama que se vive por estos días en Río Cuarto, donde hace poco más de un mes, asumió un gobierno peronista (Unión por Córdoba), que a nivel nacional apoyó a Mauricio Macri en contra del peronista Daniel Scioli.
El delasotismo-schiarettismo se enfrenta en la interna cordobesista con los radicales-macristas en medio de una danza de despidos en el municipio (más de 200), ciudadanos organizados parando tarifazos y denuncias de endeudamiento y quiebre del municipio.
Como si fuera una pelea al interior de un tándem UNA-Cambiemos, los trabajadores son los que pagan los platos rotos de la falta de coraje ante el cambio de época y una renuncia a ir por lo no dado antes que acusar a un trabajador de ñoqui y parte de otro Estado.
La lucha por él parece más importante para estos "nuevos dirigentes" que habían prometido ser "el verdadero cambio" y sólo cambiaron, creyendo que han madurado, que así es la cosa pública, que esto es lo que votó la gente, que es difícil pero necesario.
Ahora vendrán 15 días de conciliación obligatoria dictada por el Ministerio de Trabajo provincial. Se levanta el paro por tiempo indeterminado que habían declarado los trabajadores municipales, azotados por el sentido común que repite en las esquinas y en los taxis y cafés que "tenías un contrato, papá. Se terminó; a tu casita, hermano. Corta la bocha".
Eso. Corta la bocha.

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