sábado, 11 de junio de 2016

El kirchnerismo terrorista y la endeblez macrista

Como hacía Bush en esos días frenéticos post 9-11 para justificar sus embates contra la legalidad y paz internacionales, el Relato PRO ha ingresado en los últimos días en una etapa en la que a sus medidas económicas de ajuste y recortes sólo les queda ser justificadas desde el rechazo a la crítica, poniendo a ésta en el lugar de "la minoría que quiere que nos vaya mal" o directamente como portadora de una amenaza golpista, cuasi terrorista.
Entre Elisa Carrió (lunes, en TN) y Joaquín Morales Solá (miércoles, en La Nación) se comenzó a hablar de grupos desestabilizadores, que en el entramado narrativo de Cambiemos no podían no ser K, que apuestan a que todo se incendie, con la premisa de que "a este país sólo lo puede gobernar el peronismo" como trasfondo operante del miedo a que Macri termine efectivamente siendo un De la Rúa, el karma irresuelto del duránmarquismo.
"Los conspiradores podrían separarse en tres grupos. Uno está integrado por los jóvenes exaltados de La Cámpora, que tienen su explicación: la exaltación y el fanatismo suelen formar parte de la juventud. Un segundo grupo está compuesto por dirigentes impregnados por una ideología nacionalista y antigua que desprecia a Macri. La última está constituida por los que fueron jóvenes peronistas revolucionarios y ahora son viejos y perdieron el poder. El problema sin solución de éstos es que carecen de tiempo para volver a vivir, desde el centro del poder, una primavera cristinista", describió el miedo amarillo Morales Solá.
El temor oficialista también se expresó ayer en un duro editorial de Marcelo Longobardi, en radio Mitre, que sin quererlo quizás remitió a una vieja escena de De la Rúa con Mariano Grondona en Hora Clave, cuando el periodista le pide al entonces presidente que demuestre determinación y golpee la mesa, a lo que De la Rúa accede con su clásica sobreactuación.
"Lo que le falta a la Argentina es claridad política sobre las intenciones del gobierno en términos de largo plazo. Puesto en otros términos: falta un puñetazo sobre la mesa. Estos dilemas económicos tienen una respuesta en el plano político. En el plano económico después vemos las tarifas, la inflación y la cuestión fiscal. Los inversores y los que toman decisiones, cuando tienen que comprar o vender, lo primero que miran no es el tribunal, es qué pasa, qué ven en materia política cuando ven para arriba", graficó Longobardi.
Ayer, Macri, desde Corrientes, enarboló un discurso que bien podría recordar al voluntarismo que le imprimían los Sushi Boys a los discursos de De la Rúa: "Necesito que crean que empezamos a caminar por el camino correcto y que vamos a poner a la Argentina de pie. Hay muchos que tienen miedo y no saben si esto va a funcionar o no. No escuchen a la minoría que quiere que nos vaya mal, que les mete miedo, que dice todos los días barbaridades. No escuchen porque estamos haciendo lo correcto, diciendo la verdad".
Lanata, hoy en Clarin, prefiere una tregua: "Siempre descreí y me aburrieron esas propuestas multipartidarias, acuerdos vacíos en los que hasta la Iglesia se mete a los codazos y nunca resultan. Pero me parecen hoy la única solución a esta situación. El propio Perón decía que “un camello es un caballo hecho por una comisión”. Pero, ¿qué otra manera habría de solucionar las cosas que la toma de conciencia general de la situación y que todos actuáramos en consecuencia? ¿Y todos incluiría, también, al kirchnerismo? Sí, claro. Al kirchnerismo que no esté imputado de delito alguno. Los números no dan. Tenemos que estar todos de acuerdo en eso. Una parte del ajuste recaerá en los sectores más vulnerables, la menor parte, en lo posible. ¿Somos los demás, capaces de lo mismo? ¿Y si subimos Ganancias del 35 al 40 por un año? ¿Si se aceptan tributos a la patria financiera en un momento en el que los intereses en dólares favorecen como nunca la bicicleta? La pregunta es: ¿qué sucede si todos cedemos un poco? Estoy proponiendo un acuerdo que nos permita volver a la normalidad y salir de la crisis".
Quizás en la vuelta de PPT, una forma de aliviar la presión sobre el gobierno será satanizar aún más al kirchnerismo, no sólo presentándolo como una minoría fanática sino también peligrosa, como Bush tildaba de terrorista a todo aquel que osaba denunciar los efectos perniciosos de su política beligerante, que sólo buscaba beneficiar a los grandes poderes corporativos mundiales bombardeando pueblos enteros, esos que todavía no se recuperan, 15 años después.
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