sábado, 19 de marzo de 2016

¿Peleas del cordobesismo detrás del giro en el caso Nora Dalmasso?

Al nuevo fiscal de la causa que investiga uno de los femicidios más tristemente célebres del país le llevó sólo dos meses para leer el expediente y, con las pruebas que obran en él, imputar al marido de la víctima, el de la coartada infranqueable y los amigos protectores, perseguidor de periodistas indomables.
Tanto ADN en la escena y en el cuerpo de Nora no pudo ser borrado totalmente por la esposa del amigo, por el cura amigo del amigo, por algún policía franqueable, por fiscales amigos y vecinos del mismo barrio que hicieron todo lo posible para que la causa prescribiera, no sin antes tratar de inculpar a un perejil, al que salvó la gente común, harta de las prácticas de la "justicia riocuartense".
Con algún as debajo de la manga, el nuevo fiscal -justicialista, casado con una funcionaria del cordobesismo delasotista, ahora schiarettista- esperará al viudo el 28 de marzo, a las 9.30, para mostrarle las pruebas que lo colocan en la escena del crimen como autor material del homicidio, que agravado por el vínculo es un delito cuya condena llega hasta la prisión perpetua.
Antes de esta jugada, el nuevo fiscal consultó en Tribunales de Río Cuarto y con el fiscal general de la Provincia, el que llegó a ese cargo de la mano de los que en 2006, desde el primer minuto que se dio a conocer la muerte de Nora, sólo se encargaron de desviar la atención.
La hipótesis de un asesinato por encargo, para evitar revelar los vínculos económicos y políticos del viudo, siempre fue una sombra que ahogó las cortadas, las maniobras distractivas de defensores familiares, las mentiras de los medios de alcance nacional (¿intentarán solazar otra vez con los pastores y los cordobeses exiliados en la medianoche?) y que ahora deberá sortear los sucios caminos de las conveniencias políticas y judiciales.
Los cambios en la administración provincial se dan al mismo tiempo que pesadas investigaciones, hasta internacionales, le estallan al ex candidato, rodeado ahora por los escándalos de corrupción en Brasil y Guatemala, y el juicio de los policías narco, uno de ellos, enviado raudamente por aquellos días de 2006, cuando arribó a Río Cuarto con el solo objetivo de embarrar la cancha y culpar a un inocente. Hoy, está preso acusado de integrar una banda de policías que hacía negocios con el narcotráfico.
Regresa el entorno del ladero del viudo, sobre el que ahora caería también la mirada del nuevo fiscal; mientras, éste es corrido por el abogado defensor del traumatólogo y escapa hacia adelante, obligándolo al zorro letrado a desistir de representar a los hijos como querellantes y asumir la defensa del sospechoso de siempre, en un juego cuyo mayor peligro sería olvidarse de la investigación.
Ese alter ego encargado de agraviar a la mujer muerta desde antes que la mataran llevó a su amigo a ganar un inverosímil torneo de golf en Uruguay, cuando éste apenas si jugaba muy de vez en cuando en las gélidas canchas del Río Cuarto Golf Club. Coartada que ahora deberá vérselas con la posibilidad de que, en una ventana temporal insospechada, podría haber estado en su casa el mismo día del asesinato, como pareció ver un vecino que luego calló.
Contactos con la droga menemista de por medio, personajes habituado a las pistas clandestinas que rodean la región, por las que viajan los estupefacientes de ex maridos de legisladoras, rutas escondidas detrás de la opulencia de la soja y los fideicomisos agropecuarios que podría haber utilizado la avioneta de la muerte.
Como si fuera un tsunami en formación, el ex candidato prefiere esconderse, rememorando cómo en ese lejano 2006 vio cómo perdía a varios de sus históricos colaboradores. Un rosario de renuncias, mientras que los policías intervinientes ascendían no sin antes dejar transcripciones comprometedoras.
La intervención de otro fiscal, en este caso, federal (el mismo del Narcoescándalo), hizo que la causa se alejara del peligro de la prescripción, a través del envío de una serie de escuchas de esos policías y agentes de la ex Side donde comprobaron que un empresario amigo del viudo no estaba donde había declarado haber estado, sino muy cerca de la asesinada. Y que el viudo integraba un fideicomiso agropecuario en común.
Y que el móvil del crimen no habría sido otro que "aparentemente esta chiquita se habría enterado y que bueno y que le habría dicho que solucione el problema este tipo y que no, bueno, este tipo no lo solucionó y de todo se encargaron ellos".
La difamación de la pobre mujer será una alto costo que quizás deban pagar los que todavía se sienten impunes, a menos que la sorpresiva movida del nuevo fiscal sea sólo una estrategia para acomodarse desde un lugar de fuerza ante la familia judicial riocuartense y capitalina, que le tiró la brasa todavía ardiente de Nora, traicionada hasta por sus amigas, esas que nunca se animaron a confesar lo evidente y prefirieron seguir encerradas en la desidia del barrio acomodado.
Omnipresente el riesgo de un nuevo abuso del cuerpo difamado de Nora, coto de caza de los nuevos alineamientos del Poder cordobés, rodeado por un tsunami que espera hechos y decisiones para barrer con todo y terminar con la impunidad.
(Las escuchas telefónicas aquí, aquí y aquí)

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