lunes, 21 de marzo de 2016

Buena jugada de Roberto Navarro

"Solemos pensar que cuantos más contraargumentos presentemos para neutralizar una desinformación, mejor: más probabilidades tendremos de convencer al público de la falsedad de ésta. De hecho, sucede todo lo contrario: las informaciones simples son más fáciles de procesar, y son juzgadas como verdaderas con más frecuencia", aseguran John Cook, del Global Change Institute (University of Queensland), y Stephan Lewandowsky, de la School of Psychology de The University of Western Australia, en The Debunking Handbook, casi un tutorial de cómo contrarrestar campañas de desinformación.
"La solución pasa por simplificar la manera en que se presenta el contenido: por ejemplo, utilizando lenguaje sencillo, frases cortas, encabezamientos adecuados y párrafos bien organizados, o el uso de gráficos. Además, es buena idea considerar la inclusión de un mensaje final, simple y contundente", aconsejan, no sin antes repetir que si la desinformación o la operación de prensa "es más atractiva y simple que la corrección, será cognitivamente más atractiva y fácil de procesar" por los públicos.
El kirchnerismo se pasó años ofreciendo contraargumentos basados en una profusa visión del mundo, que suponía (supone, todavía) un anclaje en la Historia y en campos técnicos de diversa índole, a pesar que muchas veces podía llegar a procesos de síntesis con algunos slogans ("Patria o buitres", "La década ganada", "No al ALCA", entre otros) de dispar efectividad, debido justamente a que hacia su interior era necesario compartir con las audiencias un conocimiento más o menos complejo.
Mientras tanto, las empresas de medios enfrentadas con el kirchnerismo fueron más efectivas al reducir fenómenos multivariables en consignas, mitos y leyendas urbanas que recrudecieran en sus públicos el antikirchnerismo y la bronca, prescindiendo de información veraz, o directamente manipulándola en favor de ese enojo que luego fue cristalizado en cacerolazos multitudinarios y en el triunfo de Mauricio Macri por escaso margen en noviembre del año pasado.
El periodista Roberto Navarro, anoche, puso en práctica no sólo lo aconsejado por Cook y Lewandowsky, sino el proceder de los Lanata&OGlobo boys: la denuncia de censura es mucho más fuerte que toda la información que podría mostrar en su programa sobre la relación societaria entre Mauricio Macri y Nicolás Caputo.
Además, esa información está disponible desde hace años y de a poco comienza a perforar el discurso oficialista a tal punto que, el viernes, el mismo Lanata, en el programa de Maxi Montenegro en Canal 26, dejó en silencio al conductor y los panelistas al recordar que el socio presidencial también hizo negocios con Julio De Vido (aquí).
En semanas donde los cañones están puestos en destruir al kirchnerismo (en todos los campos: judicial, político, simbólico, narrativo), Navarro enseña que quizás sea de mayor impacto no dar la información que emitirla y dramatizarla, aunque su programa sea el más visto del cable los domingos a la noche.
En el fondo, está en juego el viejo déficit K: romper con su círculo de convencidos; carencia agudizada luego del 22 de noviembre en plazas de todo el país.
Más:
Manifestación afuera de C5N

1 comentarios:

tatincito dijo...

Si es así, a mi me está indicando que se podría estar dando un cambio de 180 grados en la política comunicacional del kirchnerismo.
No queda otra que usar las herramientas que nos dan las Ciencias Sociales y la Mercadotecnia ya que la censura y ataque al que seremos sometidos será mucho mas descomunal del que padecimos estando en el Gobierno.

Me acabo de enterar que fue censurado el canal en YouTube de Resistiendo con aguante.

Se viene una densa en serio, compañeros.

Abrazos.

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