viernes, 12 de febrero de 2016

Aún caminan: los despedidos

"Ayer fue mi quinta noche consecutiva durmiendo adentro de nuestra oficina del Centro de Documentación, en el marco de la medida de fuerza que definimos los trabajadores despedidos por el Registro Nacional de las Personas.
Cinco noches seguidas durmiendo en el puesto de trabajo junto a mis compañeros y compañeras. Con todas las incomodidades que se imaginan o que vieron quienes pudieron acercarse a saludarnos en estos días que llevamos reclamando.
Hace un rato me vine a casa por un par de horas para ducharme y tirarme a descansar un poco en la cama. Cuando estaba acostado, sonó el timbre y era, efectivamente, un trabajador del Correo que trajo mi telegrama de despido.
Sin motivos, sin preaviso, sin sentido. Así me ha despedido el Registro Nacional de las Personas. Aunque algunos proponían "Esperar a ver qué pasa".
Pero que sepan algo estos paladines del "Cambio": si así piensan manejarse, ¡¡¡a nosotros nos van a encontrar siempre resistiendo!!!".
Fuente
"Mi nombre es Soledad Soler. Sí, mis padres consideraron que la rima estaba bien. Vivo en Córdoba capital. Sí, uno de los distritos donde ‘Cambiemos’ ganó por goleada. Me formé en la Universidad Pública. Soy periodista y trabajo en un diario que se llama El Argentino, identificado con el kirchnerismo e integrante del Grupo 23 que dirigen Sergio Szpolski y Matías Garfunkel. Qué momento.
Bueno, primera corrección: trabajaba. Con varios meses de atraso en el pago de nuestros salarios, el 15 de enero la responsable de Recursos Humanos de la empresa, María Gracia Perrone, nos informó que el diario dejaría de salir en sus ediciones de Córdoba, Mar del Plata y Rosario. Aunque ya hacía un tiempo que no se imprimía y que todos nosotros ensayábamos una especie de simulacro para la web, finalmente “la grieta” entre el patrón y los trabajadores quedó expresada en toda su violencia.
Eso sí. No hubo telegrama de despido, tampoco oferta de retiro voluntario. Nuestra situación se planteó más bien como una especie de limbo laboral, en el que nos movíamos a tientas, intentando descifrar cuál sería la próxima canallada de SS. Así nos referimos históricamente a Szpolski los laburantes. Sí, SS. Como mis propias iniciales, pero del otro lado del mostrador, digamos, dibujadas en el contorno de un paisaje espeso y nebuloso en el que me niego a permanecer.
En septiembre de este año, a horas de la sentencia del juicio por Paola y Martina, me enteré que ya venía en camino mi primera hija. Va a nacer en mayo y ya está aprendiendo conmigo sobre la amarga experiencia del desempleo. Me consuelo pensando que mi pequeña también estuvo ahí presente cada vez que nos encontramos en una plaza para reclamar por nuestras fuentes de trabajo, cada vez que nos reunimos en asamblea con mis compañeros. Sabe que a veces lloro de angustia e impotencia, y que otras veces vibro en el fragor de la lucha. Pienso que todo eso quizás forme parte de sus primeros aprendizajes sobre este mundo al que vendrá, un mundo en el que los dueños de las empresas privilegian siempre su rentabilidad por encima de la vida de quienes trabajan.
Entrado el mes de enero, todavía espero noticias sobre el salario de noviembre, el de diciembre y el aguinaldo que me debe SS. De vez en cuando ingreso a mi cuenta del Macro para verificar si existe algún indicio del fin de esta pesadilla. Pero no. ‘Cero peso’. A estas alturas, ya suspendí las vacaciones que había planeado para descansar y renovar energías en vistas de un año que se me vino encima. Enero me encontró frente a la computadora, con el ventilador encendido, ensayando notas, arrojando reflexiones al Facebook y buscando laburo. Mi heladera empezó a verse distinta, triste, desértica. Consumo lo mínimo indispensable para que a mi bebé no le falte nada. Eso es lo único que me importa en este momento.
Mientras tanto, intento descubrir si soy parte de ‘la grasa que sobra’ o si soy una ‘ñoqui’. Es extraño. No me siento identificada con ninguna de esas categorías con las que definen a los más de 50 mil trabajadores y trabajadoras -del sector público y privado- despedidxs en los últimos meses. Quizás el desconcierto, el sentirme desencajada, sea también uno de los síntomas de andar caminando en el limbo".
Fuente
#ARGENTINA#NoAlVaciamientoDeG23Los Trabajadores Grupo Veintitrés siguen en pie de lucha. La redacción de Diario...
Posted by Facción on martes, 9 de febrero de 2016
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